"A menudo los hijos se nos parecen"

Este domingo se festeja el Día del Padre dentro de un contexto de pandemia que seguramente limitará las reuniones entre progenitores e hijos. A veces el mejor regalo no consiste en nada material sino en verse reflejado en esos locos bajitos. En el deporte, por ejemplo, muchos hijos siguen los pasos de sus papás, como Los Silvano en el tenis.

La palabra heredar hace referencia a adquirir algo por legado. El significado no hace referencia a que ese algo tenga que ser material. Puede ser también una herencia que transmitida de generación en generación, como un objeto preciado que persiste aún con el paso del tiempo. Así hay empresas familiares que como una marca registrada subsisten al inexorable correr del almanaque y las agujas del reloj. Quizá ese, al llegar a anciano, sea el regalo más preciado por los padres al verse reflejados en las mismas actividades que ahora hacen sus hijos.

En el deporte es larga la lista de protagonistas que obnubilados con la actuación de quienes les dieron la vida buscan seguir con sus pasos e incluso transcender más allá de los pergaminos obtenidos por su antecesor. Los ejemplos se remiten a varias disciplinas como el fútbol, motociclismo, rugby, hockey, vóley y atletismo.

En este caso, en modo de homenaje a todos los papás en su día, será el tenis la actividad elegida con el apellido Silvano como protagonista. Es que la pasión por el deporte blanco se vio trasladada por tres generaciones y al igual que hace más de treinta años cuando el papá de Matías lo llevó al Luján Tenis Club para que empezara a desandar sus primeros pasos, hoy en día es él quien lleva a sus hijos de la mano al mismo lugar y casualmente con el mismo profesor (Rudy Krauth) que también le enseñó a dar sus primeros golpes a la pelotita de tenis. Sin dudas una linda historia de padres e hijos.

ES UN BUEN TIPO MI VIEJO

Corría la década del setenta y en nuestro país estaba próximo a desarrollarse el Mundial de Fútbol en el cual Argentina obtendría su primera estrella. Sin embargo, cuando miles de pibes se volcaban a los potreros tratando de emular a Leopoldo Jacinto Luque, Ubaldo Matildo Fillol y Mario Alberto Kempes, otros soñaban con imitar las hazañas de Guillermo Vilas.

En el Parque San Martín ya funcionaba el Luján Tenis Club, en donde un papá que nunca había tenido una raqueta en sus manos se acercó con su hijo primogénito para que Rodolfo Krauth le brindara las primeras clases de tenis. Con nombres propios, esas personas eran Victorino Silvano, más conocido como Bachi, y Juan Pablo Silvano. Claro está que mientras el padre esperaba que su hijo mayor terminara de entrenar, el más chico que también los acompañaba con apenas cuatro años de edad hacía de las suyas sobre el polvo de ladrillo de las canchas lujanenses. Ese nene se llamaba, y llama, Matías Silvano.

En esa época, el tenis infantil no contaba con muchos adeptos y más que nada los entrenamientos apuntaban a elementos juveniles. Aunque fue tal la insistencia de Matías a su papá y a fin de cuentas para que se portara bien, que en concordancia con Rodolfo Krauth, serrucho en mano, adaptaron una raqueta para que el Urraca más chico diera los primeros golpes en el tenis. Ese fue el punto de partida de una meteórica carrera deportiva que incluyó varios certámenes internacionales y la compañía de su padre en cada presentación. Incluso Victorino, quien nunca había jugado al tenis, terminó siendo presidente de la Asociación de Clubes de Tenis del Oeste de Buenos Aires, al compartir la pasión con sus hijos.

El tiempo pasó y hoy Matías es papá de los mellizos Milo y Lucas, que al igual que él regresan con polvo de ladrillo en sus medias y si bien también incursionan en otras disciplinas como el taekwondo, Matías sabe que llevan el tenis en la sangre.

Hace un par de años que Victorino Silvano no está físicamente pero el recuerdo siempre está presente. Matías recuerda la historia personal de su papá con él y el tenis: “Mi papá llevó a Juan Pablo que en ese entonces tenía 8 años de edad a la escuela de tenis que, como ahora, estaba a cargo de Rodolfo Krauth, destinada a chicos de más de 6. Por ese entonces me faltaban dos a mí para poder formar parte. Como molestaba mucho, Rudy me adaptó una raqueta y como fue buena la idea se sumaron otros nenes de mi edad como Juan Pablo Pérez y Martín Brun”.

Recuerda Matías que tras cuatro años de entrenamientos comenzó a jugar en los primeros nacionales, aún dando hándicap de edad: “Tenía 8 años y era uno de los mejores en la categoría de chicos de diez. Y ahí la simbiosis con mi viejo que a pesar de nunca haber jugado al tenis empezó a acompañarme a todos lados. Entre triunfos y alegrías siempre mi papá del otro lado del alambrado para abrazarme y felicitarme”.

El hecho de que Matías llegara casi siempre a las instancias decisivas hizo que su papá comenzara a participar de las reuniones de la Federación e incluso como era un hombre muy inteligente comenzara a tener voz y voto a la hora de impartir ideas. Eso lo llevó a primero ser el secretario de ATOBA para luego llegar a ser vicepresidente y presidente de ese ente, puesto que ocupó incluso después de que Matías decidiera colgar la raqueta de manera profesional. “Lo que más recuerdo de esa hermosa época de interactuar con mi papá eran los viajes. Él nos llevaba a los distintos nacionales, a Mendoza, Córdoba, Tucumán y era llegar a esas provincias junto a mis compañeros y dormir en donde se pudiera y Bachi siempre con la mejor de las sonrisas. Anécdotas junto a mi padre tengo muchas, como cuando en un Nacional lo eché de la cancha porque fumar le hacía mal, y ante los nervios de que yo no podía cerrar el partido me di vuelta y mi viejo parecía una locomotora humeando. Y bueno, por su salud, en pleno juego le pedí que se fuera y desde ese día, siendo un preadolescente de trece años, no quería que viera mis partidos porque se ponía nervioso. La etapa de Juniors es la que más recuerdo. Los viajes con mi viejo es lo que más valoro hoy que ya no está”.

La pasión por el tenis trascendió otra generación. Hoy es Matías el que acompaña a sus hijos, los mellizos Milo y Lucas Silvano, a los Nacionales, aunque sabe que no debe fumar y ponerse nervioso cuando sus hijos juegan. Milo y Lucas, tienen ocho años y lograron coronarse campeones junto a sus compañeros del Luján Tenis Club en los Interclubes.

Matías describe a sus hijos de la siguiente manera: “Milo es el que más juega, el más constante, y al que más le gusta el entrenamiento. Lucas es más vago, también practica taekwondo en el club Ferro de nuestra ciudad y juega al tenis cuando él quiere. Mi consejo es que un deporte tienen que hacer, no importa que sea tenis pero una actividad sana para el cuerpo sí. Soy un padre que les pone cero presión; quiero que se diviertan y la pasen bien dentro de la cancha. Ellos entrenan con Rudy y Vanesa que son excelente profesores y el tiempo dirá para lo que están los chicos. Yo me veo reflejado en mi viejo al acompañarlos a los certámenes”.

Y agregó que “como entrenador veo muchos padres que presionan a sus hijos. Como que depositan sus frustraciones en ellos y es eso como pedagogo y papá lo que nunca hay que hacer”.

Matías remarcó el agradecimiento al Luján Tenis Club, al que considera su segundo hogar, y en especial a Rudy Krauth por haberlo adentrado en el mundo del tenis y continuar ese camino con sus hijos. También en épocas de pandemia se encuentran abocados a tratar de conseguir los protocolos correspondientes de salud para poder volver a los entrenamientos.

Por último, como esto se trata de un homenaje a los papás en su día, faltaba la palabra de los más chicos del clan Silvano. Milo destacó: “Tengo 8 años y me gusta mucho jugar al tenis. Cuando sea grande me gustaría llegar a ser profesional. Al igual que mi papá juego desde los cuatro años y me encanta divertirme y participar de interclubes. Mis profes son Rudy y Vane. Mi papá siempre me acompaña y es muy bueno”.

Por su parte Lucas, expresó: “Tengo 8 años como mi hermano y además de tenis me gusta el taekwondo. Mis profes en tenis son Rudy y Vane. Mi papá es el mejor entrenador de Luján. Cuando sea grande voy a correr carreras de auto y voy a ser piloto de Fórmula Uno”.

Matías no quiso dejar de mencionar a quienes lo acompañan en la academia de tenis, los profes Lucas Saavedra e Israel Zárate, piezas fundamentales del entrenamiento de todos en esta época difícil de pandemia.