Vacaciones: entre quintas y construcción de piletas

Las consultas para alquilar propiedades con espacios verdes y aire libre aumentaron un 200 por ciento. Sin embargo, la oferta es escasa. En tanto, constructores de piscina están dando turno recién para febrero del año que viene ante la explosión de demanda.

Las vacaciones están a la vuelta de la esquina. Y pocas certidumbres se vislumbran sobre la temporada de verano en un contexto de pandemia y cuarentena prolongada. A eso se le suman -para quienes planeaban viajar al extranjero- tanto las restricciones en la compra de divisa extranjera como la disparada de los valores producto de la brecha cambiaria. Entonces, ¿cuál es la alternativa más viable y que ha tomado impulso en estas últimas semanas? Picaron en punta los alquileres de casaquintas y la aspiración a la pileta propia.

Además de todos los nuevos hábitos implantados en los últimos siete meses, el coronavirus también va a modificar la forma de vacacionar. O ya lo está haciendo: muchas personas piensan en una temporada diferente, lejos del contacto masivo y lo más cerca posible de su punto de referencia ante cualquier urgencia.

Luján cumple con varios de esos requisitos: se vuelve una ciudad atractiva por ubicarse a poco más de 60 kilómetros de Capital Federal, además de ofrecer viviendas con espacios verdes al aire libre y pileta.

Según varias inmobiliarias de nuestra ciudad indagadas por EL CIVISMO, la consulta creció un 200 por cientos respecto al año pasado. Principalmente se trata de personas de la ciudad de Buenos Aires y zonas cercanas como San Martín, Castelar e Ituzaingó. Sin embargo, la oferta de viviendas es escasa y los valores se dispararon.

Un referente inmobiliario de nuestra ciudad sintetizó que “hay mucha demanda, pero muy poca oferta. Siempre fue poca la oferta porque Luján no es una zona receptiva de este tipo de turismo”. Además, contó que “en esta época siempre pasa que muchos empiezan a apuntar al verano y las fiestas. La gente sale a buscar lugares para pasar Navidad, Fin de Año o alguna quincena. Eso es lo normal. Pero se está viendo que este año se agravó por el encierro y sin saber si se va a poder salir de vacaciones. La búsqueda fue más prematura y se ve mucha gente que busca el mes entero. Se manejan valores impensados”.

Incluso, algunas propiedades se alquilan a valor dólar, sobre todo en countries o barrios cerrados. “Te podés encontrar cualquier número”, sostuvo un vecino que en las últimas semanas averiguó para alquilar una casa con pileta durante el mes de enero. “Me llegaron a pedir 2.500 dólares en un barrio cerrado de la zona. En Pilar, las cifras pueden superar los 7.000 dólares, pero hay amenities que acá no existen, como lagunas y playas artificiales”.

Por su parte, el martillero Juan Sartori expuso que “la demanda sigue constante, semana a semana se mantiene y, en algunos casos, se va incrementando de a poco. Empezaron hace poco más de un mes y, por semana, estamos recibiendo entre 20 a 30 consultas”.

En comparación al año pasado, las búsquedas crecieron un 200 por ciento. “Un buen período de consultas de este tipo de alquileres fue en 2016-2017. Después fue bajando. Ahora supera a todos los últimos años ampliamente”, expuso Sartori.

Sin embargo, las propiedades disponibles en el mercado no acompañan la creciente demanda. “La oferta es casi nula, no hay mucho disponible. Se alquiló de manera normal en julio y agosto. Nadie pensaba en la temporada. Ese recambio que hubo tomó mucho de los alquileres que andaban dando vuelta. Y cuando explotó la demanda, los primeros 15 días los pudimos cubrir. Ahora hay lista de espera”.

Algunos pocos propietarios incluso analizan alquilar su propia casa, como por ejemplo vecinos radicados en los barrios denominados de casa-quinta como Hostería y Casuarinas, que dejaron de ser zonas de veraneo para transformarse en residenciales habitadas durante todo el año. Aunque la mayoría son vecinos que tienen una segunda vivienda con pileta para el verano. Con esta situación de la explosión de la demanda y escases de oferta, los propietarios analizan resignar la temporada para hacer una “diferencia económica interesante”, según estiman. Esta situación eleva -indefectiblemente- los valores del mercado. “Piden una cifra alta para que sea atractivo”, agregó otra fuente consultada.

En esa línea, Sartori expuso que “no hay un valor de referencia predeterminado. La inmobiliaria no influye mucho en eso sino que pasa más que nada por el interés del dueño en alquilar y el precio que quiera ponerle. Uno lo asesora, pero como es una situación tan especial el dueño pone un valor debido a que se desprende de la propiedad y no la puede utilizar. No puede proyectar como en otros años: por ejemplo, alquilar su quinta para realizar sus vacaciones. Entonces quizás se priva de poder disfrutar de ese espacio. Por eso, busca un valor agregado”.

AL AGUA, PATO

Durante la pandemia, muchos vecinos se volcaron a realizar obras y refacciones en sus hogares. El impacto del dólar allí también jugó fuerte: muchos aprovecharon la baja en el costo de la construcción con los ahorros que guardaban. Por caso, durante mayo, junio y julio se registró un importante incremento de las ventas en los corralones.

Esto último también se reflejó en la construcción y adquisición de piletas. Y todos los factores se entrecruzan: ante las dudas sobre las próximas vacaciones, muchos vecinos apostaron a tener su piscina, empujados también por la baja de los costos en dólares. La fuerte demanda de alquiler de casas para veranear también influyó, ya que el requisito es que tengan pileta.

En tal sentido, Alejandro “Nano” Salas, dueño de Aguas Cristalinas, expuso que hace aproximadamente dos meses “empezó un aluvión de pedido de piletas de material y de fibra. Todos comenzamos a recibir cuatro veces más consultas de lo habitual. Vendimos todo lo que teníamos y cuando quisimos reponer, la fábrica estaba sin producción, trabajando a medio turno. Cuando los contagios se trasladaron al interior, muchas fábricas que se encuentran ahí lo sufrieron posteriormente”.

Por eso, hay problemas de stock en el sector. “Cuando empezó la cuarentena, estuvieron todos los negocios cerrados. El primer tramo se respetó mucho y hubo fábricas que dejaron de producir piscinas de fibra, bombas, filtros, caños de limpiafondo, mangueras, accesorios y saca hojas, entre otros”.

A raíz de esta sobredemanda, Salas detalló que “a nosotros nos quedan muy poquitas piscinas de fibra y las de material ya no podemos dar turno hasta el año que viene para construir. Recién estamos hablando de febrero. Ni poniendo la mayor voluntad se puede”.

“El problema en el que nos vemos envuelto los que trabajamos en esto es que no es un producto que vos lo vendés como si fuera una remera, algo que vos tenés en la estantería. Nosotros estamos colmados en nuestra capacidad operativa. Por más voluntad que se ponga, no hay forma”, agregó.

Construir una pileta de material, demanda entre tres y cuatro semanas de trabajo, mientras que la colocación de una de fibra de vidrio lleva cuatro a cinco días con bomba, filtros y bordes.

Esta situación se repitió en casi toda la región: “Me está llamando gente de San Isidro, Vicente López, Martínez. Todos contactos que por terceros van llegando. Allá, donde piden un presupuesto, todos le dicen que hasta febrero no pueden. Entonces salieron a buscar por otro lado. Pero estamos todos en la misma situación, nos desbordó”.

Para Salas, además de la coyuntura sanitaria y económica, también influye la cuestión cultural: “La cabeza media de la población argentina aspira a cuatro puntos fundamentales: casa propia, auto, pileta y parrilla, como artículos estándar. Después si la pileta es de material o de fibra, grande, mediana, chica; o si la parrilla tiene tapa de acero inoxidable o pones un alambre retorcido contra el piso, es otra cosa. Pero eso forma parte de tu vida. Hoy no se concibe en una casa con parque o en barrios cerrados no tener pileta. Es como una extensión”.

De todas formas, el constructor que tiene cerca de 40 años de experiencia en el sector sostuvo que “nunca pasó algo así. Ni va a volver a pasar. Acá están viniendo a buscar a mi negocio productos de pileta de San Isidro, Martínez, Escobar, Garín, Navarro. Los negocios quedaron vacíos, hay faltante de todo. Lo están empezando a fabricar pero eso lleva un tiempo de ejecución y de reposición”.

Otro de los factores que explica esta situación extraordinaria fue la disparada del precio del dólar (oficial y paralelo) que empujó a muchos ahorristas a invertir. En tal sentido, Salas detalló que “normalmente una pileta promedio de material es de 4 por 8 metros. Con luces, gabinete para el equipo de filtrado y una guarda de revestimiento, siempre estuvo alrededor de 10.000 dólares. Pero ahora bajó muchísimo porque nunca hubo una brecha tan grande entre el dólar oficial y el blue. Esa pileta con esas dimensiones ahora está en 900.000 pesos, es decir, cerca de 5.000 dólares. Bajó muchísimo. Y mucha gente tenía ahorrado dólares como para hacer un viaje al exterior, cosa que no va a poder hacer, decidieron gastarlo en algo”.

Pero la inestabilidad de la cotización de moneda extranjera también genera dificultades, fundamentalmente en los insumos. “Los grandes fabricantes que están íntimamente ligados al dólar no quieren deshacerse de sus productos, como el caso del hierro y el cemento, que ya está empezando a faltar. Están especulando un poco con eso, que es lógico”, explicó Salas.

En esa línea, el responsable de Aguas Cristalinas remarcó que “esta pandemia puso de manifiesto blanco sobre negro el comportamiento de muchas empresas y/o personas. Está aquel que te dice: ‘Conmigo no vas a tener ningún problema, quédate tranquilo. Te vendo hace 38 años’. Y está el otro que le comprás hace 40 años y te dice ‘si no me pagás el producto no te lo llevo’. Esto desnudó un poco a las empresas y a las personas”.