Hasta 2010, y durante varias décadas, octubre incluyó la conmemoración del denominado Día de la Raza, en alusión al llamado "descubrimiento de América". Su reemplazo por el Día del Respeto a la Diversidad Cultural propone un cambio de concepción respecto a la fecha y los hechos históricos que le siguieron. En ese marco, el historiador Federico Suárez reflexionó sobre los orígenes de Luján como punto de frontera entre el dominio español y los territorios indígenas.
El nacimiento de Luján como un punto geográfico todavía indefinido en tiempos coloniales estuvo muy asociado a su rol de frontera entre los dominios españoles y los territorios indígenas. Esa convivencia, que implicó diversos niveles de intercambio, se mantuvo durante más de un siglo. Sin embargo, la presencia de los pueblos originarios en la historia oficial es casi nula. Como parte de un recorrido de varios años, el historiador Federico Suárez ha hecho diferentes aportes destinados a rescatar ese pasado.
- ¿Qué implicaba la condición de zona de frontera con el indígena?
- Cuando uno habla de frontera respecto al indígena es importante contextualizar. Se suele pensar en una línea que divide una cosa y otra. Pero en esos tiempos hablamos de un lugar que social y culturalmente implicaba intercambios. El hispano-criollo y el indígena no están en una guerra permanente. En lugares de frontera como Luján se daba un intercambio constante. Los indígenas trabajaban en las cementeras de las estancias, intercambiaban sus productos en las ferias de los ponchos, entre muchas otras instancias. Esta etapa va desde los primeros repartos de tierras que hace Juan de Garay en 1.580 hasta finales del siglo XVIII.
- ¿Qué tensiones existían?
- Muchas veces se asociaban al ganado cimarrón, porque estaba en territorio indígena, al igual que la sal. Esos dos motores grandes de la economía de ese momento estaban en territorio indígena. Por eso constantemente se busca llegar al Río Salado como frontera natural. En Luján se daba un cruce de caminos importante. Por un lado, el camino a las salinas, que es equivalente a la actual traza de la ruta 5. Y por otro, el camino real, oficializado en 1.663. Hablamos de un espacio definido mayormente por estancias que costaba mucho habitar, donde los trabajadores fijos no abundaban.
- ¿Qué nombres asociados a pueblos indígenas podemos rescatar?
- Cuando Ana de Matos era la estanciera emblemática por su rol respecto a la imagen de la Virgen, podemos ubicar al cacique Tubichamini. No se sabe muy bien dónde se ubicaba. Se supone que solía instalarse en la zona de Chivilcoy o Bragado. Empiezan a darse algunos malones. También hay que hablar de las malocas, que era el ataque de huaqueros a territorio indígena. Con el correr de los años otro cacique importante fue Calelian. Para 1.737 los malones de Calelian son importantes. Coinciden con una situación en la que los caciques pampas empiezan a verse acorralados por el avance español hacia el río Salado y por los araucanos desde la Cordillera. Otro cacique es Cangapol, apodado El Bravo, asentado en las actuales sierras de Tandil. Este movimiento de indígenas genera un mayor número de malones y que el Cabildo de Buenos Aires a su vez preparara expediciones tierra adentro, como las de Juan de Dios de San Martín o Cristóbal Cabral de Melo. En 1.741 ocurre la Paz de Casuatí, en Sierra de la Ventana. Y entonces el gobernador Salcedo pide a Magdalena Gómez de Díaz Altamirano que fraccione parte de su estancia para dar vida al poblado de Luján. Así nace la actual plaza Belgrano.
- ¿Y de ahí deriva también la Guardia de Luján?
- Si bien ya había una especie de guardia en la época de Ana de Matos, que se calcula que estaba entre el puente Dr. Muñiz y el predio de (Escuelita) Menotti, en 1.742 se establece la Guardia de Luján propiamente dicha en el actual territorio de Mercedes, porque esa división de tierras que hace Magdalena Gómez de Díaz Altamirano para comenzar a darle forma a un poblado implica también que a determinadas leguas se estableciera una guarnición militar.
- ¿Es una fecha que marca el alejamiento de la frontera con el indio?
- Después de eso se dan otros malones. Hay que pensar que la línea de frontera siguió siendo muy porosa. En 1.774 aparece una nueva línea de fronteras. Y en cuanto a malones, tenemos el gran malón de 1.780 sobre Luján. Muchos atribuyeron a un milagro de la Virgen que los caciques no hayan entrado a la plaza. Yo tengo certeza de que sí entraron, aunque sí es cierto que había una neblina importante que impidió concretar el malón. Y el último malón se dio en 1.783, que entra por la zona sur de Navarro, encabezado por un cacique llamado Lorenzo Calpisqui. Luego la frontera empezó a correrse mucho más hacia el Salado.
- ¿En qué consistían las ‘Ferias de los ponchos’?
- Están reflejadas en las actas del Cabildo de Buenos Aires de aquel momento. Y fueron investigadas por historiadores como Ricardo Tabossi o Gabriel Di Meglio. Eran puntos de intercambio comercial. Nosotros lo tuvimos en la actual plaza Belgrano. Eran espacios donde los indígenas intercambiaban sus productores con el hispano-criollo. Generalmente a cambio de herramientas para el trabajo en el campo, alcohol o elementos de higiene. El indígena intercambiaba sus ponchos principalmente. Se armaban unas ferias importantes. Se daba un intercambio comercial significativo. No tengo certezas de la regularidad que tenían estos encuentros, pero leyendo las actas del Cabildo de Buenos Aires podemos ver cierta asiduidad. También dependían de cómo estaban las relaciones entre los españoles y los indígenas.
- ¿Por qué esta presencia indígena que duró mucho tiempo no está integrada a la historia oficial de Luján?
- Creo que tiene mucho que ver la historia que construyó Salvaire. Reescribió la historia de Luján con tintes religiosos. Esta historia oficial de Luján, como ocurre con la nacional, tiene incluidos y excluidos. El indígena es presentado como el salvaje o el infiel. Para Salvaire la historia empezó en 1.630 con el milagro de la Virgen y en ese esquema el indígena es el malo de la película y se lo reduce como el responsable de atacar las estancias. No se le da ninguna otra connotación. Cuando Salvaire hace sus campañas religiosas, su vínculo con la virgen comienza porque cayó prisionero de Namuncurá. Los indígenas siempre fueron los malos y los excluidos. Incluso si uno visita el Complejo Museográfico, una placa de Lezica y Torrezuri indica que “combatió a los infieles indios”. La historia de Luján no podía tener indígenas porque se quería resaltar la historia de fe y religiosidad, que no casualmente escribe un sacerdote que elige Luján para hacer una iglesia hacia afuera. La historia de Luján debía enganchar de manera perfecta con esa visión de Salvaire. A los indios les tocó el papel de los malos. Estas historias de caciques y pueblos indígenas no podían estar porque no encajaban en la historia de un lugar que hacia fines del siglo XIX se proyectaba como la capital de la fe.