La costanera jauriguense: recuperación comunitaria

Cada fin de semana, decenas de personas llegan al sector entre Jáuregui y Pueblo Nuevo que muestra un río renovado. El espacio es el resultado del trabajo voluntario de muchos vecinos como parte de un proceso iniciado hace cinco años.

Durante décadas fue un espacio inaccesible, al que solo se podía observar desde lejos. La proliferación de vegetación, en especial acacios negros, encajonaba al río, que en esa zona se convierte en un curso de agua de anchura poco pretenciosa. Tras dejar atrás las compuertas de El Timón, el río pasaba al olvido hasta su reaparición en Luján, salvo que alguna inundación lo hiciese salir de cauce con rumbo a Pueblo Nuevo.

Las postales actuales son completamente diferentes, producto de un trabajo comunitario que comenzó hace cinco años y derivó en la recuperación de las costas, con el río como eje. Durante los días hábiles algunos vecinos lo eligen para actividades físicas, mayormente con las clásicas caminatas para oxigenar el cuerpo. Y los fines de semana suma a decenas de visitantes que, en un clima familiar, descansan bajo el resguardo de la frondosa vegetación lateral. No solo llegan desde Luján, sino también hay quienes lo hacen de partidos vecinos, en especial de la zona oeste, en una recomendación que circula de boca en boca. Esta procedencia diversa se expresa en una gran cantidad de automóviles que suelen ocupar uno de los bordes de la costa.  

El lunes feriado el lugar sumaba a decenas de personas, con una afluencia creciente a medida que avanzaba la tarde. El espacio se vuelve atractivo además en tiempos de pandemia porque evita las aglomeraciones. Los grupos conservaban una recomendable distancia entre sí y se observaba una perfecta convivencia, con actividades diversas, para todos los gustos. Había quienes solo conversaban sentados en reposeras. Otros se le animaban a la pesca. Y también, los menos, que atemperaban el calor refrescándose en las aguas del río, una práctica no del todo recomendable pero que parece inevitable en épocas estivales, más para quienes desconocen la conflictiva relación entre el curso de agua y sus condiciones ambientales.

Se trata de uno de los pocos lugares (el único en el Partido) donde el río muestra todo su potencial con perspectiva pública, es decir, sin los cercos perimetrales de algún barrio privado como ocurre en la cuenca baja, desde Pilar en adelante; o lejos de la decadencia en su paso por la zona céntrica de Luján.  

La escenografía se compone de los laterales definidos por dos puentes. Uno vehicular, que conecta Jáuregui y Pueblo Nuevo. El otro, peatonal, la clásica pasarela que desemboca en la entrada de la ex fábrica Algodonera Flandria, convertida en Parque Industrial. Las costas forman parte del camino de sirga que comenzó a recuperarse hace cinco años. Hay tachos de basura, algunos carteles que invitan a cuidar el lugar, todo prolijamente pintado. Es decir, la sobriedad de la naturaleza. Porque además del río, las costas comparten vecindad con un área forestal protegida, conocida popularmente como Laguna Seca, un bosque con senderos para caminar entre las ondulaciones artificiales del terreno que depara pronunciadas pendientes. “Es la primera vez que venimos. No conocíamos el lugar y la verdad nos gustó mucho. Es muy tranquilo”, contaron tres amigos llegados desde Luján que pasaban la tarde sentados debajo de una sombra, con algo para tomar.

LOGRO COLECTIVO

La recuperación del lugar nació de una desgracia o, para ser más preciso, de una serie de desgracias. La sucesión de inundaciones iniciadas en 2012 motorizó la intervención de un grupo de vecinos. Comenzaron a organizarse en 2014, bajo la denominación “Inundados de Jáuregui”. Además de reclamar obras puntuales para mitigar las crecidas, pusieron mano a la obra con la limpieza inicial debajo del puente carretero y la paulatina recuperación de las costas. Para ese tiempo, luego de algunas demoras, Provincia completó la delimitación del camino de sirga, con el tendido de un alambrado y la eliminación de los acacios negros. El trabajo vecinal permitió embellecer los márgenes y volverlos disfrutables. El uso público comenzó a darse lentamente.

“Empezamos en el Puente Grande, donde había un gran tapón. Colaboraron los Bomberos, que son como parte del grupo. No era el único lugar donde había problemas, pero está muy visible y así era más fácil contagiar al vecino. Nosotros sabíamos que no íbamos a poder limpiar todo el río, pero era una forma de dar el ejemplo y que a las autoridades les diera un poquito de vergüenza”, contaron en una entrevista que dieron a EL CIVISMO en 2016.

Tres años después, el espacio estaba completamente recuperado. Muestra de eso fueron las proyecciones de cine al aire libre que se dieron durante varias noches de verano. Cientos de vecinos respaldaron la propuesta con su presencia.

En la actualidad otro espacio comunitario trabaja también en el cuidado y mantenimiento del lugar. Son jóvenes que piensan en propuestas integrales para la localidad. Se engloban en el Movimiento para el Reconocimiento y Transformación del Pueblo: “Somos un grupo de personas que sentimos la necesidad de generar un cambio en la vida personal y en la vida social de nuestra comunidad. Tenemos la certeza de que no somos individuos aislados y egoístas por naturaleza, sino que somos seres sociales que vivimos en comunidad. A partir de esa mirada encaramos jornadas de trabajo voluntario, en unidad con otros grupos e instituciones del pueblo”, explican en sus redes sociales.

El mes pasado encararon tareas de pintura y limpieza en la zona costera de Jáuregui. Esto se repite cada 15 días. Apuntan a la recuperación integral de los espacios públicos del pueblo, pero además apuestan a fomentar actividades artísticas y al estudio y rescate de la historia de la localidad.  

 

  

La zona se destaca por una imponente vegetación.