Impacto de la sequía en las actividades agropecuarias

Productores locales de distintos rubros consultados por este medio coincidieron en marcar una merma significativa en los niveles de rendimiento.

A pesar de las lluvias de los últimos días, el escenario de sequía que se arrastra desde hace dos años ya muestra su impacto en la producción agropecuaria local. En líneas generales, la escasez de precipitaciones ha derivado en una baja considerable de los rindes en las diversas actividades que conforman el universo rural del distrito.

Este medio consultó a diferentes productores con la intención de conocer la profundidad de ese impacto según los rubros: “Esta sequía arrancó el año pasado. La lluvia promedio en la zona es de 1.100 milímetros anuales. El año pasado tuvimos un déficit de 300 milímetros y este año uno de 500 milímetros. En toda la pampa húmeda la zona de mayor impacto de la sequía fue Luján, San Andrés de Giles, Mercedes, la parte rural de General Rodríguez y parte de Las Heras. A nivel subterráneo las napas han bajado muchísimo, a niveles casi nunca vistos. Y respecto a lo que está en superficie evidentemente las consecuencias han sido sumamente duras”, describió Alberto Casey, productor agropecuario en la zona de Cañada de Arias.

En ese sector, delimitado por la ruta 47 que conecta Luján con Navarro, la actividad preponderante es la ganadería. Según Casey, la producción de forraje -insumo clave- disminuyó en los últimos cuatro meses en un 70 por ciento. 

Y en cuanto a la agricultura, minoritaria en Cañada de Arias, “el impacto negativo en los rendimientos anda aproximadamente en el 50 por ciento”.

Nicolás Ré se dedica a la actividad ganadera y agrícola en cercanías de Cortínez. En diálogo con este medio aportó un escenario similar. Si bien la cosecha fina (trigo, cebada, etc.) entre noviembre y diciembre arrojó niveles aceptables, no ocurrirá lo mismo con la denominada cosecha gruesa entre marzo y abril próximos, dominada por el maíz y la soja. Se proyecta una caída en los rindes de entre 40 y 50%. “Respecto al maíz, el año pasado el rinde promedio fue de 8.500 kilos por hectárea. Esta año, con suerte, van a ser 3.500 kilos. Las lluvias de los últimos días ayudan a llegar a ese número y que no sean 2.000. En muchas zonas ya picaron los maíces para hacerlos reserva forrajera para poder sembrar una soja y tratar de recuperar y no perder tanto. Y en cuanto a la soja, el rinde promedio oscila entre los 4.500 y los 6.500 kilos. Este año apuntábamos a una soja de 3 o 3.500 kilos”, explicó Ré.

La sequía también impactará, en especial de cara al próximo invierno, en la generación de pasturas. “Esto trae consecuencias en el invierno para los animales, como falta de pasto. No se pueden hacer reservas para el próximo año, es una cadena”, planteó.

Respecto a la actividad ganadera, Ré indicó que la falta de pasto los obligó a desprenderse de animales. “Nosotros de 110 animales que teníamos, 40 los vendimos para poder bajar la carga animal, porque no hay pasto suficiente”.

“También hay que estar muy atento con el agua. Este año las napas estaban bastante bajas. En otros años hemos hecho perforaciones más profundas. En el invierno la falta de pastura se va a sentir, muchas plantas directamente se murieron”, agregó.

Las condiciones climáticas también se sienten en otras actividades. Así ocurre con los tambos. Javier Davio es responsable de un establecimiento cercano a la Ruta 7, en dirección a Giles: “En lo inmediato a nosotros nos impactó con una baja en la producción por falta de pasto. Los verdeos que hicimos de verano no produjeron la cantidad de pasto que teníamos pensado y, por otro lado, la siembra de maíz para hacer reserva para el invierno dio muy poco, lo que implica un problema a futuro. El silo de maíz el año pasado nos rindió 33 mil kilos por hectárea y este año apenas pasamos los 20 mil. El año pasado fue seco, rindió bien pero fue de mala calidad. Ahora es poco y de mala calidad”.

Davio estimó que esas condiciones implicaron una merma en la producción de leche de un 15% respecto al año pasado. “Veníamos en 24 litros de leche promedio diario por vaca y pasamos a 20 litros. Estas lluvias ya no ayudan para el maíz. Algunos productores perdieron todo el maíz de segunda, se secó. El nuestro se salvó y rebrotó con estas lluvias. El maíz de primera ya no se recupera, por lo cual vamos a tener que salir a comprar alimento balanceado en el invierno”.