Cloacas: servicio estancado desde hace décadas

La última ampliación significativa de la red ocurrió en el 2000. Desde entonces la prestación se mantiene prácticamente en los mismos números. A esto se suma que desde 2007 Luján carece de una planta de tratamiento de líquidos cloacales, luego de la salida de servicio de las instalaciones del barrio San Bernardo.

Por Nicolás Grande

Son apenas un puñado los barrios que en Luján cuentan con cloacas, el servicio que en el distrito evidencia el mayor atraso en materia de expansión. Algunos datos son contundentes al respecto. El primero, de carácter porcentual, expone que el 39,5% de la población recibe dicha prestación. Una segunda caracterización grafica, además, un estancamiento crónico: la última expansión territorial significativa ocurrió al inicio del nuevo siglo, es decir, hace ya más de veinte años. Entre los censos de 2001 y 2010, Luján pasó de 11.575 a 12.891 hogares conectados, lo que representó apenas 1.300 nuevas conexiones.

La última intervención al respecto ocurrió durante el gobierno de Oscar Luciani, con el tendido en el barrio La Loma. Sin embargo, la planta para tratar esos líquidos todavía espera su finalización, con lo cual la obra permanece inconclusa y los hogares sin conexión. A partir del cambio de gestión, ocurrido en 2019, se reflotaron viejos proyectos y promovieron nuevos, aunque todavía no fueron ejecutados. Una de las apuesta busca modificar la situación de las localidades. Hasta el momento ninguna cuenta con el servicio. Olivera podría ser la primera en romper dicha tendencia.

En la ciudad cabecera las condiciones son algo distintas, aunque en muchas zonas el tema sigue siendo un pendiente. Si se consideran los vecindarios de mayor antigüedad (unos cincuenta a los que habría que sumar otros manchones urbanos surgidos en los últimos años), apenas una decena de sectores cuenta con cloacas, incluido el radio céntrico y barrios parcialmente cubiertos, en general ubicados en el primer cordón. Están al margen Luna, Parque Lasa, Universidad, Los Laureles, Villa del Parque, Los Paraísos, Ameghino, Juan XXIII, Padre Varela, Americano, Los Gallitos, San Fermín, San Pedro, San Jorge, Santa Marta, 12 de Abril, San Francisco, entre varios otros.

El escenario se complejiza todavía más si se visualiza otra cara del mismo problema: la vieja planta de tratamiento del barrio San Bernardo está fuera de servicio desde 2007. Sigue vigente la iniciativa de construir un nuevo centro de tratamiento a la altura de Open Door.

 

PASOS LARGOS, PASOS LENTOS

Desde una perspectiva histórica, la posibilidad de dotar a Luján de cloacas comenzó a proyectarse al comenzar la década del 40. Fue el inicio de un largo proceso -inicialmente asociado también al agua corriente- que recién pudo mostrar sus primeros logros casi dos décadas después.

A las lógicas modernizadoras, ancladas en criterios sanitarios, se sumaron circunstancias concretas que empezaron a generar el consenso necesario respecto a la importancia de contar con un sistema de cloacas. Las aguas servidas se habían convertido en un problema recurrente, en especial en la zona más céntrica. Las crónicas periodísticas de aquellos años solían describir arroyuelos fétidos que constituían un “mal endémico” en Luján.

Algo similar ocurría con las empresas encargadas de desagotar los pozos domiciliarios: “No solo proceden negligentemente durante su labor impregnando de miasmas los hogares en pleno centro, sino que han tomado el puente del camino a Mendoza como sitio apropiado para desagotar en el río sus tanques atmosféricos. En las proximidades del sitio elegido hay numerosas casas de familias a las que se expone a soportar los malos olores, lo mismo que a los viajeros que en ininterrumpida caravana cruzan por ese sitio”, describía un artículo publicado por EL CIVISMO en 1943. Como persistencia de problemas en torno a los líquidos cloacas, sirve recordar que setenta años después, las cercanías del mismo puente reciben el desagota sin tratamiento del sistema cloacal interconectado.  

En 1944, el gobierno de facto de la provincia de Buenos Aires, encabezado por un interventor federal, aprobó un proyecto diseñado por la Dirección de Obras Sanitarias, que incluía agua y cloacas para Luján. Entre otras condiciones estructurales, la obra buscaba atender el desborde recurrente de los pozos domiciliarios, afectados por el elevado nivel de la primera napa.

Sin embargo, la espera se hizo larga. A comienzos de 1947 se anunció el inicio de los trabajos de instalación de desagües cloacales y aguas corrientes. Dos años después, una comunicación oficial volvió a referirse a las obras: “Confirmamos informaciones de los últimos boletines de esta Comisión Central, órgano asesor del plan de desagües en la zona Luján-Pilar, se han adoptado en el curso de la semana las medidas preliminares para la instalación de las redes sanitarias de la ciudad de Luján; se concretan de tal forma los planes dentro del período enero-febrero de 1949 estipulado en aquellos”, expresaba una información difundida por la Comisión Central de Canalización del Río Luján y Desagüe Urbano.

Los anuncios comenzaron a materializarse. El primer paso consistió en el montaje de un campamento en las adyacencias de las calles San Martín, Rawson y Mitre. Y la puesta en marcha del agua corriente con la perforación del futuro tanque, en San Martín y Constitución.

Aquel impulso inicial volvió a sufrir dificultades durante los primeros años de la siguiente década, en especial en lo referido a cloacas. En 1953, como las tareas estaban todavía sin terminar, el Municipio envío una nota al Ministerio de Obras Públicas de la Provincia: “La ciudad de Luján está levantada de acuerdo a la estructura de su tierra en un pozo, y los vecinos se ven abocados al difícil problema de evacuar diariamente los sumideros, pues ya no absorben sus substancias y esto a quien lo puede subsanar con el desagote de carros atmosféricos le acarrea ingentes gastos y quien no se encuentra en condiciones de así hacerlo larga los residuos a la calle y esto puede ser un foco de infección que si hasta ahora nada ha sucedido lo debemos a algo providencial”.

Sorteadas estas dificultades tuvo lugar una lenta expansión de la red cloacal, que incluyó la construcción de una primera planta depuradora en el barrio San Bernardo.

El tendido cloacal inaugural abarcó 202 cuadras. Aquel inicio y sus posteriores etapas de expansión tuvieron una lógica centro-periferia que hoy, varias décadas después, todavía se mantiene, algo que explica la disposición de zonas con y sin servicio según su mayor o menor cercanía al casco céntrico. Para 1971, la red se extendía de la avenida Nuestra Señora de Luján a la calle Alem, y de Dr. Real a Dr. Muñiz. En cambio, desde Humberto hacia el Este las cuadras que contaban con cloacas eran excepción. Solo ocurría a lo largo de la calle San Martín y más parcialmente en el recorrido de Mitre. A su vez, el sistema empezaba a ejecutarse en algunas calles trasversales, como Güemes, Lamadrid, Alvear y Dean Funes, entre San Martín y Mitre.

En los siguientes años tuvo lugar un proceso de fuerte ampliación que comenzó a gestarse hacia 1969. En marzo de ese año el Banco de la Provincia de Buenos Aires aprobó un régimen de créditos destinado a las Municipalidades para la construcción de infraestructura urbana. A partir de ese financiamiento, en Luján se encararon obras cloacales divididas en dos etapas. Una primera de 38 cuadras y una segunda de 100, algo que permitió alcanzar la misma expansión que en ese momento tenía el agua corriente.

En términos territoriales, el nuevo esquema hizo posible dotar del servicio al radio céntrico hacia el Este de la avenida Humberto y cruzar el río en un sector del barrio Santa Elena; y campear también tímidamente hacia San Cayetano. Las obras eran solventadas por los frentistas en 60 cuotas, con un interés del 1,5% mensual sobre el saldo total.

Este nuevo impulso, sin embargo, tuvo un pronto freno por razones económico. El aumento en los costos de los materiales hizo tambalear la capacidad financiera del Municipio para cubrir los gastos que demandaban los trabajos.  

 

PLANTA DEPURADORA Y NUEVAS REDES

La década del 80 trajo atención sobre el estado de la planta depuradora, cuyas primeras instalaciones, construidas en los 50, comenzaban a quedar obsoletas, en especial por su bajo volumen de procesamiento. Ese también fue un camino largo. En 1983, Obras Sanitarias de la Provincia de Buenos Aires (organismos a cargo de las instalaciones), licitó la obra de ampliación (anexa al viejo establecimiento). Se anunciaba como paso necesario para “la instalación de desagües cloacales en los distintos sectores donde aún no cuentan con el servicio tan indispensable”. La idea apuntaba a una futura prestación para una población de 90 mil habitantes. 

Los trabajos fueron adjudicados en enero de 1984 y para 1987 se habían completado en un 80%, luego de un paréntesis de medio año. En aquel momento se gestionaba, además, la ampliación de la red a barrios como San Bernardo, El Mirador, El Milagro, Zapiola, Lanusse, El Trébol, Sarmiento, San Cayetano, Santa Elena y Constantini.

En todos esos años, hasta su salida definitiva de servicio en 2007, la planta depuradora fue foco de conflictos. Para 1992, EL CIVISMO lamentaba que la ampliación iniciada años antes se encontraba “inexplicablemente parada”, todavía sin funcionar por restar apenas un 5% de su ejecución total. El servicio incluía a unos 12 mil vecinos (que en ese momento representaban el 17% de la población). Y el tratamiento de depuración que todavía se realizaba a través de las viejas instalaciones, se visualizaba precario.

La nueva planta recién quedó habilitada en abril de 1994. Sin embargo, pocos años después los inconvenientes regresaron. Los vecinos del San Bernardo encabezaron varios movimientos de protestas por los continuos olores pútridos que emanaba la planta.

En materia de ampliación de la red cloacal, en 1995 quedó inaugurado el sistema en el San Bernardo, inicialmente para 600 familias. La obra abrió una modalidad que luego trajo muchos dolores de cabeza, en especial para los vecinos del barrio Santa Elena. Fue a través de un contrato directo entre los frentistas y Emaco, empresa que repitió el procedimiento en El Mirador. En esa oportunidad, el Concejo Deliberante planteó que ninguno de esos proyectos había recibido la declaración de utilidad pública. Fue el inicio de un conflicto cuyos alcances exceden los propósitos de este artículo. Basta con mencionar que en el caso de Santa Elena, la situación terminó judicializada, con vecinos intimados al pago por una entidad bancaria de La Plata y diversas controversias entre distintos actores del poder político local.    

Al final de la década del 90’ se materializó la última expansión significativa que tuvo Luján en materia de cloacas. Mediante un crédito del Banco Nación se procedió a la instalación de cloacas en los barrios Sarmiento, El Trébol, Lanusse y Zapiola. La ejecución de la obra se expresó en un acuerdo entre la Municipalidad y la Cooperativa Eléctrica.