La preocupación por la generación de estos lugares coincidió con el crecimiento urbano de Luján hacia mediados del siglo pasado. Algunos componen el patrimonio histórico de la ciudad. Según un relevamiento oficial, el ejido urbano cuenta con aproximadamente 70 sitios, entre plazas, placitas, bulevares y monumentos. Unos 40 se distribuyen en los barrios.
Por Nicolás Grande
“Hora es, pues, de encarar este problema de los espacios verdes y promover los medios conducentes a su solución. Aún las tierras no valen sumas astronómicas y se está a tiempo de hacer expropiaciones para abrir plazas y parques. Dejar pasar el tiempo será perjudicial para la salud y moral del pueblo y para las finanzas municipales. No olvidemos que parques y plazas son, sobre todo, para los niños, que en Luján como en todas partes, constituyen no menos del 60 por ciento de la población”.
El párrafo corresponde a un artículo de opinión publicado por EL CIVISMO en 1960. La mención hace referencia a una preocupación casi constante en la ciudad a medida que la mancha urbana aceleró su crecimiento, etapa que puede ubicarse justamente hacia mediados del siglo pasado, a partir de una serie de procesos que fueron analizados en entregas anteriores de esta serie de notas.
En muchos casos, los actuales espacios verdes fueron el resultado de políticas estatales concretas. Pero en muchos otros, especialmente en los barrios, surgieron por iniciativas vecinales que entendieron las ventajas que podían proporcionarle al vecindario.
Más allá de orígenes diferentes y de realidades que fueron cambiando con el correr del tiempo, según información aportada por la Municipalidad a solicitud de este medio, en la ciudad existen unos 70 lugares definidos como espacios verdes. Esto incluye a plazas, placitas, bulevares, rotondas y monumentos. Casi 40 corresponden a plazas o sitios de similares características (más allá de las denominaciones formales) ubicados en barrios que conforman el ejido del principal asiento urbano del distrito.
En los últimos años, en lo que parece ser una de las políticas del actual gobierno municipal con mejores resultados, las intervenciones en el espacio público han sido notorias, constituyendo un proceso inédito en la historia local reciente. Muchas acciones apuntaron a rescatar terrenos anteriormente abandonados. Otras permitieron crear nuevos o revalorizarlos con equipamiento moderno. En ese sentido se pueden enumerar senderos peatonales, deportivos y recreativos en avenida Roca, en la calle Juan de Dios Filiberto de Open Door y en otros lugares puntuales de Pueblo Nuevo y Cortínez. En cuanto a la habilitación de nuevos espacios verdes, la lista incluye las plazas Santa Elena (en tierras del ex matadero municipal devenido en depósito de chatarra), Wembley (en San Cayetano, donde existió un asentamiento de familias necesitadas de tierras) y Alberto “Vasco” Aguerre (en tierras ferroviarias de El Trébol). También se construyeron playones deportivos en San Pedro y El Quinto, y se anunciaron obras similares en Zapiola, Ameghino y Villa del Parque. Otras intervenciones en espacios públicos se dieron a través de plazas de primera infancia, como ocurrió frente a la Terminal y en la plazoleta Antigua Estación Basílica.
ESPACIOS CARACTERÍSTICOS
Al igual que en otras ciudades, el origen del desarrollo urbano de Luján estuvo directamente vinculado a un espacio público. Aquel sitio fundante es hoy, sin embargo, bastante ajeno a la idiosincrasia lujanense, producto de un devenir que lo vinculó directamente con el perfil turístico de la ciudad. Nos referimos a la actual plaza Belgrano, hito 0 del proceso urbanístico lujanense, iniciado en 1742 con la donación realizada por Magdalena Díaz de Altamirano. Muy pronto se transformó en el centro cívico de la antigua Villa de Luján. Desde entonces asumió diferentes denominaciones, como plaza Real o Constitución. Su fisonomía también fue cambiando, hasta la actual definida a comienzos de siglo.
Con el inicio de la construcción de la Basílica y la posterior edificación de la Casa Municipal, el centro cívico se mudó algunas cuadras, favoreciendo con eso la consolidación de otro característico espacio verde: la plaza Colón. Durante buena parte del siglo XIX, su ubicación como “campo de pastoreo” definió uno de los límites urbanos. Recién hacia finales de aquella centuria comenzaron intervenciones orientadas a darle otro estatus, como faroles a kerosene y un molino instalado por el intendente Octavio Chávez en 1887. En 1910, al cumplirse el primer centenario de la Revolución de Mayo, fue colocada la piedra fundamental de un monumento a Cristóbal Colón, obra que finalmente no prosperó. En los años ‘20 se colocaron bancos de piedra y se plantaron muchos de los árboles que aún resisten. Varias reseñas históricas coinciden en marcar que hacia mediados del siglo pasado, gracias al aporte del cuidador honorario Ricardo Brero, la plaza alcanzó su momento de mayor esplendor, ubicándose entre los espacios verdes más destacados de la provincia.
Otro lugar característico de esparcimiento, también en el radio céntrico, tiene una historia ligada a prácticas deportivas, no solo porque en sus inicios como espacio público albergó sucesivamente disciplina como el hipismo, el fútbol o el ciclismo, sino porque en algún momento el espacio fue objeto de un ambicioso proyecto que, sin embargo, quedó trunco. Casi un siglo después de aquel impulso, parece volver a reforzar esta característica fundacional.
Los primeros antecedentes del parque San Martín como espacio público en articulación con prácticas deportivas remiten a las últimas décadas del siglo XIX. En 1882 quedó inaugurado un Circo de Carrera, iniciativa que tuvo entre sus protagonistas a nombres importantes de la inmigración irlandesa, como los hermanos Lorenzo y Eduardo Casey. Entre sus instalaciones sobresalía una tribuna de madera que durante varios años albergó gran cantidad de concurrencia a los habituales encuentros hípicos. Al iniciarse el nuevo siglo, el proyecto experimentó una rápida decadencia, hasta reconvertirse en cancha de fútbol, como sede de los primeros partidos de la flamante Liga Lujanense. Estos antecedentes incluyeron además un efímero velódromo.
El futuro parque San Martín permaneció por un breve tiempo en manos privadas. La Municipalidad perdió su propiedad en un pleito que mantuvo con un tal Pedro Madaio. Recién pudo recuperarla en 1925 y tres años después, bajo la intendencia de Federico Fernández de Monjardín, se elaboró el proyecto para convertir al lugar en un parque público. Se soñó en grande: una cancha de fútbol, otra de pelota, básquet, bochas, tenis, y otros deportes; además de juegos infantiles, velódromo, pileta de natación y confitería. Si bien existió un primer desembolso del gobierno nacional para financiar el mega proyecto, la iniciativa quedó trunca producto de las convulsiones políticas que marcaron el golpe de Estado de 1930. Sólo llegó a completarse la tradicional tribuna que en la actualidad ocupa el Campo Municipal de Deportes.
En 1960, un sector del parque fue cedido a Luján Tenis Club para la instalación de las canchas que funcionan hasta la actualidad. Pocos años después ocurrió algo similar con Luján Rugby Club.
Desde hace varios años, el lugar es objeto de un sostenido proceso de recuperación, luego de un pasado reciente de marcado abandono. Además de senderos aeróbicos, en abril del año pasado fueron inauguradas canchas de básquet callejero. Y meses atrás un mangrullo multijuegos.
Por su parte, la actual plazoleta Antigua Estación Basílica comenzó a tomar forma recién en los años ‘50 del siglo pasado. En febrero de 1900 quedó inaugurado un corto ramal ferroviario de 1.978 metros, que se desprendía de la estación central de Luján y llegaba hasta uno de los actuales espacios verdes de la ciudad, renombrado en 2005 justamente como Antigua Estación Basílica, en homenaje a esa peculiar experiencia ferroviaria muy asociada al proceso de construcción del famoso Santuario Nacional. El servicio funcionaba de manera discontinúa, según la demanda que generaba el turismo religioso, tal como ocurría cada 8 de diciembre (Día de la Virgen).
Cuando las condiciones del transporte terrestre cambiaron, con la supremacía y difusión definitiva del automóvil, sumado al crecimiento urbano de la ciudad, aquel ramal comenzó a ser visualizado como un problema.
Hacia mediados del siglo pasado se procedió al desmantelamiento de la estación, para dar paso a un lento proceso de retiro de las vías, cuya presencia se había convertido en un problema urbanístico, en especial por las dificultades de conexión entre el sector más céntrico y el naciente barrio San Cayetano. Fueron varias las gestiones. Para 1960 se había levantado el 50% del material ferroviario. “Los trabajos continúan sin interrupción y a breve plazo se habrá completado el levantamiento. Con ello se habrá realizado otra tan antigua como legítima aspiración de la laboriosa barriada de San Cayetano”, describía EL CIVISMO.
En paralelo, por impulso de Federico Fernández de Monjardín, el Congreso Nacional aprobó el traspaso del dominio de las tierras a la órbita municipal. Ocurrió en 1965 (la ley fue votada en 1961). Lo que siguió fue un largo camino, con diversos vaivenes, para transformar al predio en espacio verde. En 1969, en el Club San Lorenzo, fue conformada una Comisión Vecinal Pro Urbanización y Fomento del barrio Ex Estación Basílica. Entre sus propósitos se encontraba gestionar “la remodelación y urbanización de los terrenos de la ex Estación Basílica y sus adyacencias”. Ese mismo año, la Municipalidad avanzó con una licitación de una obra tendiente a intervenir el espacio.
En los años siguientes, la plazoleta inició un fuerte proceso de abandono. Y hacia 1990 los vecinos lamentaban “que poco y nada haya quedado de aquello que se hizo en ese paseo ya que los juegos de los niños volvieron a ser rotos sin que nadie los reparara como corresponde”. Así continuaron las cosas hasta que en 2005 el lugar cambió definitivamente para convertirse en un clásico y concurrido espacio verde de la ciudad.
Otro lugar típico, aunque en ese caso más vinculado al perfil turístico, es el parque Ameghino, delimitado entre el Complejo Museográfico Enrique Udaondo y los terraplenes del río, a lo largo de tres manzanas. Su diseño es atribuido al paisajista francés Carlos Tays. Fue definido como espacio público durante la gestión de Juan Barnech (1905 y 1906). Entre 1909 y 1924 fue conocido como Parque Santamarina.
En las últimas décadas, el parque Ameghino no escapó a la decadencia general de la zona turística. Hoy es objeto de varias intervenciones que buscan rescatar su esplender perdido. En ese sentido fue recreado el tradicional lago (cuyas postales antiguas lo muestran con botes de paseo), se reconstruyeron veredas y colocó nueva iluminación. Otra etapa de la obra continúa en desarrollo.