Los domingos después de las 16 decenas de motociclistas y automovilistas se congregan para desafiarse y correr con sus máquinas. Por la noche, continúan en el Acceso Oeste.
Los domingos a la tarde, cuando el sol se desvanece en el horizonte y las sombras comienzan a alargar sus dedos sobre la tierra, un preocupante fenómeno, pero nada novedoso, viene ganando terreno en la Colectora lado Norte de la Autovía 5.
En el kilómetro 66, donde la carretera es una especie de frontera que separa a los barrios Luna con Los Gallitos y Hostería San Antonio Sur convergen en un ritual de velocidad y adrenalina que desafía el sentido común y la seguridad vial, decena de menores, jóvenes y adultos de ambos sexos. Todos se congregan para participar de las picadas.
En esta zona, esta actividad ilegal suele desplegarse después de las 16, atrayendo a numerosos motociclistas, en menor número a automovilistas como así también muchos espectadores ávidos, tal vez, de emociones fuertes.
La escena se teje con la algarabía de motores rugientes y el aroma a combustible y neumáticos quemados impregnando el aire y dejando su sello sobre el asfalto. Motociclistas audaces con ínfulas de pilotos en rodados modificados y algunas sin patentes que las identifiquen.
Otros, desafían las leyes de la física con sus escapes antirreglamentarios transformando esas máquinas casi en bestias incontrolables. Posiblemente, varias de estas motos sean de procedencia dudosa.
Además, es común observar la ausencia de cascos en muchos de los motociclistas que desafían la cordura lanzándose sin protección alguna a la vía pública, incluyendo maniobras peligrosas como las piruetas conocidas como "Willy" jugando con la gravedad misma y la conducción en posición horizontal sobre el asiento, conocida en la jerga como "planchado".
El riesgo se agrava con la circulación de vehículos adaptados para levantar altas velocidades en distancias cortas como si fuera una pista de ¼ de milla, así como el público pone en juego su vida reuniéndose en el lugar, atraído por lo que consideran una diversión, un espectáculo deportivo al que se accede si pagar ninguna entrada.
Toda esta situación claramente ilegal no solo es un compendio de infracciones a las leyes de tránsito, sino que roza con el delito. A pesar de los esfuerzos de la Policía por evitarla, las picadas continúan alimentando el descontento y los reclamos de los vecinos de la zona.
Se convocan por redes y por el boca a boca. No todos son de Luján, muchos llegan desde ciudades vecinas.
A LAS PIÑAS
Pero el domingo pasado, las picadas terminaron antes de lo previsto. Una pelea entre motociclistas estalló a la vera de la autovía, en una hondonada abierta entre la colectora como sendero clandestino para acortar camino y utilizarlo como vía rápida de escape cuando aparece la Policía a desactivarlas.
Esto hizo que se dispersaran en distintas direcciones. Varios, incluso, lo hicieron escapando de contramano por la Autovía 5 en sentido a Luján. Por lo tanto, las picadas se limitaron a un par de tiradas en un Corsa y un Bora a los que luego se le sumó un Audi blanco y algunas motos que despuntaron el vicio por la colectora.
Mientras tanto, cerca del puente peatonal, otro drama se desarrollaba. Un joven estallaba de furia contra los policías que pretendían identificarlo. La situación amagó con desmadrase.
Los agentes debieron pedir refuerzos que llegaron en varias patrullas mientras el estruendo de un disparo se escuchó en el lugar dispersando a muchos de los beligerantes y dejando a una mujer desmayada en medio de un ataque de nervios y llantos al ver que el muchacho era esposado, subido contra su voluntad a un móvil policial y trasladado a la Comisaría Luján Segunda.
Algunos vecinos, testigos mudos de esta saga de locura y peligro, murmuraban entre sí, compartiendo historias de un joven rebelde que viviría en un terreno usurpado, no muy lejos de allí.
Un hombre que miraba a prudencial distancia el desarrollo de los acontecimientos, señalaba que ese joven, aparentemente involucrado en la alteración del orden público junto con otros menores, tendrían antecedentes de arrojar piedras a los vehículos que transitan por la Autovía 5 para luego escapar por terrenos descampados donde se esconden y se les pierde el rastro.
SANCIONES
En definitiva, cabe recordar que las picadas de moto o autos están prohibidas. El Senado de la Nación aprobó un proyecto de ley que las convierte en un delito penal, con penas de prisión de seis meses a tres años.
Esta legislación también contempla multas significativas que, a fines de 2023, podían llegar hasta 1.780.000 pesos para aquellos involucrados en estas actividades ilegales. Además, conducir sin casco en motocicleta tenía una multa de hasta 111.250 pesos.
Con estas medidas buscan disuadir a los participantes de continuar poniendo en peligro sus vidas y las de terceros, como pueden ser otros usuarios de la vía pública o aquellos que van simplemente a mirar.
Sin embargo, nada de estos tienen en cuenta quienes se juntan al costado de la AU5 los domingos a la tarde para codearse con el peligro y por la noche continúan despuntando el vicio de la velocidad y la imprudencia en Acceso Oeste entre la AU6 y la bajada del zoológico.
Así, la historia se repite una y otra vez como presagiando una tragedia, una desgracia que parece anunciada.