El actor lujanense recibió la confirmación del Hospital de Clínicas para someterse al trasplante de córnea que podría devolverle la visión en el ojo que perdió en un accidente doméstico ocurrido en 2014.
Después de más de una década de espera, el actor lujanense Diego Mesaglio recibió una noticia que marca un antes y un después en su vida: el Hospital de Clínicas confirmó la disponibilidad de una córnea para intervenir quirúrgicamente el ojo izquierdo que perdió en 2014 tras un accidente doméstico.
La confirmación llegó luego de once años de espera y fue compartida públicamente por el propio intérprete, generando una fuerte repercusión.
Mesaglio, vecino de Luján y recordado por sus participaciones en Chiquititas, Rebelde Way y Graduados, atravesó un extenso y doloroso proceso médico desde el episodio ocurrido en su vivienda.
Actualmente se encuentra encabezando “Subí que te llevo - La vuelta al perro”, un ciclo de "entrevistas distendidas que busca poner en valor la identidad local a través de relatos, experiencias y miradas de referentes de la comunidad".
Esta iniciativa es impulsada por el actor y productor Mesaglio, con la producción del equipo audiovisual de la Secretaría de Culturas y Turismo y la Coordinación de Proyectos Educativos y Talleres Culturales.
“Puse la botellita de alcohol mal ubicada en la repisa del baño y se patinó. Cuando se cayó para un lado, la agarré y salió el chorro que me entró justo en el ojo”, recordó tiempo atrás. A partir de ese momento comenzaron las complicaciones que derivaron en la pérdida total de la visión en ese ojo.
La esperada confirmación llegó mediante un llamado telefónico del Hospital de Clínicas, institución donde el actor se encontraba en lista de espera. La noticia fue revelada en el programa Modo Zapping, que conducen Dany Martins y Caro Ibarra en el stream de la TV Pública.
Allí, Mesaglio relató el impacto del momento: “Me llamaron y dijeron: Hola, ¿Mesaglio Diego? Sí, tenemos tu córnea. No, terrible. Es como cuando te llaman Mercado Libre, escuchame, vos pediste unas vans”. Y agregó, aún sorprendido: “¿Sabés que estás hablando con una persona que hace nueve años está esperando este llamado?”.
Tras el accidente, el recorrido médico estuvo atravesado por el dolor y la frustración. “Voy a una clínica, me hacen los supuestos primeros auxilios pero no me lavan bien, casi ni me lavan y me dan anestesia para tomar cuando me duela. Entre el alcohol que quedó adentro y el exceso de anestesia hicieron que se queme la córnea, que se debilite todo el ojo”, explicó. Sin dudarlo, calificó la situación: “Para ponerle un título, fue mala praxis”.
Las consecuencias no solo fueron físicas, sino también laborales y emocionales. “En ese momento venía trabajando, estaba haciendo una serie que a su vez era para una película. De la noche a la mañana tuve que dejar de hacer todo, absolutamente todo, y pasé a ser dependiente de todo el mundo: de mi familia, de mi viejo que me lleve, que me traiga, no pude manejar durante un año y medio”, relató. A ese impacto se sumó el aspecto personal: “Me cuesta aceptarme cuando me miro al espejo”.
Durante años, el dolor fue constante y debilitante. “Sentía un dolor continuo, todo un ardor y dolor en el ojo. Llegué a estar mucho tiempo sin dormir, días, por el dolor. Durante cuatro meses, cada quince minutos tenía que ponerme una gota, durante las veinticuatro horas”, contó. También recordó comentarios que recibió en el ámbito laboral: “Me han dicho cada cosa... Como por ejemplo: ‘¿Che, no laburás más?’; ‘No’; ‘Y... sí, con el ojo así, ¿quién te va a querer en la tele?’”.
En ese contexto, el sostén familiar fue clave. “Amigos. Y el factor principal: mi mamá, mi papá, mis dos hermanas y mi sobrina. Por una cosa o por otra nunca llegué a la ayuda profesional, pero sé que es necesaria…”, expresó. Y reconoció: “Entré en un pozo depresivo gigante donde ni siquiera quería ver a mi familia”.
La llamada del Hospital de Clínicas reavivó emociones intensas. “La última vez que recibí una llamada del Hospital de Clínicas, fijate la desesperación, veo que en el dice: Hospital de Clínicas, córnea. Dejé el teléfono y salgo corriendo. No me preguntes para qué. O sea, me bajé del auto y salí corriendo”, relató.
Hoy, a las puertas de la intervención, el actor lujanense reflexiona sobre todo lo vivido y el aprendizaje que dejó el proceso. “Fue un accidente, pero acá yo no tuve nada que ver, hice todo lo que tenía que hacer: me pasó lo del ojo, fui a una clínica y tengo que bancarme todo esto, pero nada…”, expresó.
Luego de once años de espera, la posibilidad concreta del trasplante abre una nueva etapa en la vida de Diego Mesaglio, marcada por la esperanza y la expectativa de recuperación.