Todo pasó el lunes, a las 13.40 aproximadamente, frente a la Escuela Normal, a unas pocas cuadras donde horas más tarde se produjo otro violento asalto cometido por tres delincuentes que atracaron a una familia.
Horas antes del violento asalto que sufrió una familia en la intersección de Ituzaingó y Mariano Moreno —cuando tres delincuentes armados le robaron una camioneta Toyota Hilux y llegaron a apuntarle a la cabeza a un nene de apenas tres años—, a pocas cuadras de ese lugar se registró otro hecho de inseguridad no menos inquietante.
Este miércoles se conoció que un hombre fue asaltado y terminó herido en uno de sus brazos tras ser atacado con un arma blanca posiblemente de fabricación casera. El episodio ocurrió el lunes, a las 13.40, en la intersección de las avenidas Humberto y Dr. Muñiz, frente a la Escuela Normal.
Según pudo reconstruirse, la víctima —que pidió reserva de identidad— había llegado minutos antes a una pinturería que hay en una de las esquinas a bordo de su motocicleta Honda modelo Twister 250 cc.
Al salir del comercio fue sorprendido en la vereda por dos delincuentes: un hombre de alrededor de 40 años que actuaba junto a un menor de edad, de entre 12 y 14 años.
De acuerdo al testimonio del damnificado, los asaltantes ya habían observado sus movimientos. “En los videos se ve que estaban deambulando. Me vieron llegar en la moto, me siguieron con la mirada y me esperaron”, relató.
Los delincuentes habían pasado caminando desapercibidos por Dr. Muñiz mientras el vecino estacionaba su moto y entraba al local, lo que refuerza la hipótesis de un robo al voleo.
Cuando la víctima salió del comercio y se dirigía a tomar por avenida Humberto en dirección a Mitre, fue interceptada por la dupla. Se produjo entonces un forcejeo. “Me sorprendí porque uno era un chiquito, de unos 12 años, y nunca pensás que te puede robar”, contó.
En medio de la resistencia, el hombre mayor comenzó a golpearlo y lo atacó con un elemento punzocortante de fabricación casera —una especie de faca—, provocándole una herida en uno de los brazos, a la altura del codo.
Pese a la agresión, el ataque duró pocos segundos: los delincuentes lograron apoderarse de la motocicleta y huyeron rápidamente del lugar. La fuga se produjo por avenida España, circulando de contramano en dirección a la estación de trenes.
Luego, doblaron hacia la izquierda y continuaron la huida hasta salir de la ciudad de Luján y tomar el Acceso Oeste. El rastro se perdió a la altura del viejo zoológico, cuando abandonaron la autopista y se internaron por una calle de tierra que conduce al barrio Navarrini, en el límite entre los partidos de Luján y General Rodríguez.
Mientras tanto, el motociclista herido se dirigió por sus propios medios hasta el tótem de seguridad ubicado en la vereda de la Escuela Normal y dio aviso al 911. “Esperé unos 20 minutos. Pasó dos veces un patrullero con un oficial joven que nunca bajó del móvil”, lamentó.
Ante la falta de asistencia, decidió trasladarse al Hospital Zonal General “Nuestra Señora de Luján” para recibir atención médica y luego radicó la denuncia policial.
La víctima sostuvo además que el delincuente mayor actuaría de manera sistemática junto a un menor inimputable, quien sería oriundo de General Rodríguez.
También expresó su preocupación por la ausencia de medidas de prevención en una zona altamente transitada. En ese sentido, lamentó que haya sido retirado un domo de seguridad que anteriormente estaba instalado en el lugar y que, de haber estado en funcionamiento, podría haber registrado con claridad toda la secuencia del asalto.
A todo esto, el viernes esta misma pareja sustrajo otra moto. En este caso fue en San Martín al 1200. No fue necesario ejercer violencia, ya que se llevaron una moto que se encontraba estacionada sobre la vereda.
Una cámara de seguridad privada registró el hecho: ambos delincuentes llegaron caminando, portando mochilas, el menor llevaba una de color blanco similar a la que portaba el lunes.
El adulto violentó la traba del volante, logró poner el rodado en marcha y fue el menor quien se llevó la moto conduciendo.
Ambos episodios presentan un patrón común: los hechos se cometen a plena luz del día, el menor de edad lleva una mochila blanca y es quien finalmente conduce las motos robadas, mientras el adulto se encarga de la intimidación y la ejecución del robo.
Un modus operandi que se repite y que hace suponer que no se trataría de los únicos delitos cometidos por este dúo de edades dispares, pero cada vez más audaces y violentos.