"La situación textil hoy es crítica"

El sector industrial atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos tiempos, con fábricas trabajando en promedio al 40% de su capacidad instalada. El empresario Rodolfo Bianchi se refirió a la caída del consumo, el aumento de costos y el crecimiento de las importaciones. "Un combo perfecto", calificó.

La industria textil atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años y en Luján el impacto ya se siente con fuerza en fábricas y talleres, en uno de los rubros que más trabajadores emplea en el distrito. Así, referentes del sector apuntaron que se encuentran trabajando a un nivel mínimo de su capacidad instalada, con reducciones de turnos y días. 

La combinación de caída del consumo interno, incremento de las importaciones, aumento de los costos fijos y falta de financiamiento conforma un escenario que empresarios del sector describen como una crisis profunda y sostenida. Un combo tristemente perfecto.

Aunque la caída de la producción ya suma poco más de una década, en estos últimos dos años el retroceso fue estrepitoso. Hasta 2015, las empresas locales mantenían un nivel de producción cercano al 85 por ciento. Ese porcentaje fue decreciendo en 2016 y 2017, llegando en 2018 al 63 por ciento de productividad sobre la capacidad total del sector. En 2025 esa cifra se desplomó al 40 por ciento.

El empresario textil local Rodolfo Bianchi analizó la actualidad del sector y explicó que la situación no es reciente, sino que se viene deteriorando desde 2023, aunque durante el último año se profundizó de manera notoria.

“El año pasado fue muy duro. Viene difícil desde el 2023, pero el año pasado fue muy malo, de muy poca venta y mucho incremento de las importaciones”, señaló.

Según detalló, el principal problema hoy es la retracción del consumo, que afecta directamente a la producción y a la posibilidad de sostener las estructuras industriales.

“En primer lugar, lo que nos está sucediendo es la falta de consumo. Es el primer problema que tenemos. Después, por supuesto, las importaciones se incrementaron sideralmente. Ese es el segundo motivo. Entre esos dos, ya tenemos un combo bastante perfecto. Y no nos tenemos que olvidar de la suba de todos los gastos fijos: energía, gas, transporte, combustible”.

En ese sentido, remarcó que los aumentos de servicios y costos operativos se volvieron imposibles de absorber para muchas empresas, trabajando algunas de ellas a pérdida. “Estamos hablando de un gas que aumentó entre 700 y 800 por ciento. La luz más del 500 por ciento. Y los gastos fijos superaron los ingresos casi todo el año pasado. Fue un año que se trabajó para empatar o a pérdida”, sostuvo.

La consecuencia directa fue una reducción en la actividad productiva. Según Bianchi, durante gran parte del año las fábricas funcionaron a media capacidad y el cierre del 2025 fue especialmente complicado.

“Fue un año donde se trabajó el 50 por ciento, con un noviembre malísimo. Uno de los peores que yo me recuerdo y que nos dejó muy mal parados para afrontar los gastos de fin de año, aguinaldo, vacaciones y demás”, dijo.

Otro factor señalado es la pérdida de competitividad frente a los productos importados, que llegan al país con valores más bajos. “Tenemos un dólar atrasado, que hace que cada vez seamos más caros en dólares y no tengamos ni una oportunidad en el exterior. Y, al contrario, las cosas de afuera cada vez parecen más económicas. Le dan ventajas impositivas, que el gobierno decidió que así sea”.

Para el empresario, el panorama reúne todos los factores negativos al mismo tiempo: “Todo es una tormenta perfecta. Yo pensé que lo había vivido con el gobierno de Mauricio Macri, que en su momento era presidente de la Cámara y habíamos declarado la emergencia textil. Pero esta es perfecta de verdad”.

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La situación también se refleja en la reducción de turnos laborales y suspensiones de personal en distintas empresas del sector.

“Hoy estamos trabajando el 40 por ciento en promedio, por lo que charlo con colegas y veo. Estamos trabajando dos turnos, algunos uno, algunos de lunes a jueves. Hay gente suspendida. Por supuesto que hay algunos despidos, que no han sido todavía, por suerte, el mal mayor. Pero porque las pymes del Luján sabemos que tienen ese plus de bancarse lo que venga. Y lo que menos quiere es despedir gente, porque sabemos que en muchos casos la gente es familia”, sostuvo Bianchi, un nombre de peso dentro del rubro.

Sin embargo, la preocupación crece porque, según advierte, la actividad no muestra señales claras de recuperación. “La verdad es que la situación textil hoy es crítica. Ahora tenemos un nuevo aumento de gas y las ventas no repuntan. Seguimos achicando pero en algún momento tampoco hay margen. Es un mercado muy reducido para todos: está tan barato lo que viene de afuera y hay tan poco mercado. Y tampoco hay crédito”.

Incluso mencionó el cierre reciente de otra empresa del rubro instalada en Chaco y Corrientes: “Esta semana cerró otra hilandería con 260 personas más sin trabajo. Las hilanderías del interior vienen cerrando todos los días, Ya suman 2.000 despidos”, se lamentó.

“No recuerdo un año tan malo. Tan perfecto. Puedo recordar un año de malas ventas, pero a lo mejor con subsidio a la energía. Puedo recordar un año donde la rentabilidad rondaba lo razonable como para afrontar los gastos. Y hoy no la tenemos. Hemos vendido mucho por debajo de los costos para poder pagar los gastos”, dijo Bianchi.

Y remarcó: “Por eso te digo, no recuerdo otra conjunción de cosas, esas cuatro cosas fundamentales, como las que están sucediendo. Y que se estiran en el tiempo. Porque por ahí hemos vivido alguna crisis, un mes, ocho meses, un año o el 2001 mismo. Pero en un momento se despertó, todo cambió y pudimos resolver. Hoy la verdad es que estamos resolviendo con planes de pago, con achicamiento, con moratorias. La verdad es que no nos está llevando a ningún lado porque no vemos la luz al final del túnel”.

El impacto también alcanza a los trabajadores y a los propios empresarios: “Nuestros empleados no están ganando nada y nosotros no les podemos pagar. Y esto es lo peor que te puede pasar en la sociedad porque nadie duerme, a nadie le va bien”.

 “Estamos esperando algo, pero que no está sucediendo. Ya va a ser parte de achicarse a la mínima expresión para tratar de sobrevivir, si es que tenés ganas. Hay gente que ya está grande y tampoco va a tener ganas y va a decidir dejar el rubro o cerrar sus puertas o vivir de otra cosa. Está muy difícil para mantener la estructura”.

Finalmente, destacó que el esfuerzo de las pymes locales sigue siendo el principal sostén del sector: “No tenemos ninguno a favor más que el ingenio, la familia trabajando, como somos la mayoría de las pymes de Luján, poniéndole mucha garra y sacrificando ya generaciones de trabajo. La verdad es esa. Y a nadie le va bien y es muy triste”.

 

 

El foco en la industria bonaerense

Los datos industriales confirman el escenario adverso. Según cifras oficiales conocidas en diciembre pasado, el uso de la capacidad instalada en la industria bonaerense cayó por debajo de los niveles registrados durante el punto más crítico de la pandemia. Mientras en 2019 se ubicaba en 62,8%, durante 2020 descendió a 61,8%, tuvo un leve repunte en 2022 con 66% y actualmente ronda el 61%.

Entre los sectores más golpeados aparece el textil, con una caída acumulada del 23,3% desde 2023, en un contexto marcado por la apertura importadora y la contracción del mercado interno.

En Luján, la situación replica ese panorama. Datos locales ubican al sector textil y de confección trabajando al 55% de su capacidad durante el último trimestre del año pasado, uno de los niveles más bajos dentro del entramado productivo local.

Además, el sector de alimentación se ubicaba en un 85 por ciento, junto a molinería; metalmecánica y matricería al 80%; logística al 70%; lácteos y afines 70%; construcción al 50%; comercio al 55%; y servicios generales 60%.