El Timón hizo realidad un viejo sueño

Desde el viernes cuenta con un microestadio para jugar al básquet digno de la Liga Nacional.

En Jáuregui no fue un viernes más. Fue el día en que un anhelo largamente postergado se transformó en madera pulida, en aros reglamentarios, en tablero electrónico y en tribunas colmadas.

El Club Náutico El Timón presentó oficialmente su nuevo Microestadio de Básquet, una obra que la propia comunidad define como “un sueño cumplido” y que eleva la vara de la infraestructura deportiva en la región.

La jornada tuvo todos los condimentos de un acontecimiento histórico: asistieron autoridades municipales, viejas glorias del básquet de la institución, los planteles actuales, el semillero, socios, familias y vecinos.

Hubo discursos cargados de emoción, recuerdos de quienes dejaron su huella en distintas etapas del club y entrega de presentes en reconocimiento a ese esfuerzo colectivo que, durante años, sostuvo el proyecto cuando parecía imposible.

La primera impresión al ingresar al gimnasio cubierto es impactante. Se trata de una cancha de estilo clásico, con paredes pintadas de un amarillo intenso que envuelve el recinto en una atmósfera cálida y acogedora.

El piso de madera pulida impecable refleja la luz de los focos y la claridad natural que se filtra por los grandes ventanales. Las líneas blancas están perfectamente definidas y las zonas de juego marcadas en amarillo refuerzan una identidad visual potente y armónica.

Los nuevos aros reglamentarios, con tablero transparente y red blanca, están montados sobre una sólida estructura blanca y negra que jerarquiza el conjunto. Detrás del aro, paneles decorativos en tonos blanco, azul, negro y amarillo aportan dinamismo y color.

El tablero electrónico, con números rojos y negros, completa una escenografía que remite a los mejores estadios del país y que coloca al microestadio a la altura de escenarios de Liga Nacional.

En los bordes de la cancha, los carteles publicitarios dan cuenta del acompañamiento del sector privado. Son sponsors que confiaron cuando el proyecto era apenas un plano y una ilusión.

El recinto mantiene su atmósfera típica de club de pueblo, pero con estándares de infraestructura que nada tiene que envidiarles a escenarios de mayor escala.

Las fotografías tomadas por Luis Giachino inmortalizaron no solo la obra terminada sino también la energía previa al acto inaugural. Las imágenes capturan el brillo del parquet, las miradas emocionadas de quienes trabajaron durante años para llegar a este día. Queda registrado, en cada encuadre, que no se trató simplemente de inaugurar una cancha.

“Ayer no presentamos solo una cancha. Presentamos un sueño cumplido”, expresaron desde la institución en sus redes sociales. El nuevo microestadio es el resultado de años de trabajo silencioso, reuniones interminables, decisiones difíciles y, sobre todo, compromiso.

Detrás de estas paredes hay rifas vendidas casa por casa, pollos asados organizados para recaudar fondos, parcelas del ya tradicional evento “Donde caga la vaca”, metros cuadrados simbólicamente adquiridos por socios y vecinos, y cada aporte —grande o pequeño— que fue acercando la meta, recordaron.

El proyecto nació hace mucho tiempo, cuando parecía lejano e inalcanzable. Creció con cada sponsor que confió, con cada familia que dedicó horas extra, con cada dirigente que sostuvo la planificación incluso en momentos adversos.

Hay personas que estuvieron desde el primer día y otras que se sumaron en el camino. Nombrarlas a todas sería imposible, pero la emoción compartida durante el acto reflejó que cada una dejó su marca, mencionaron.

Este microestadio no es solo una obra edilicia. Lo definieron como: "Es identidad. Es pertenencia. Es comunidad. Es el espacio donde chicos y chicas del básquet timonense van a crecer, aprender, competir y forjar amistades que, como suele suceder en los clubes de barrio, duran toda la vida. Es el escenario donde se escribirán nuevas historias deportivas y humanas".

La Asociación Mercedina de Básquetbol se sumó a los reconocimientos y felicitó con enorme alegría al club por concretar el proyecto. En un comunicado, destacó que el logro “representa mucho más que una obra edilicia: es el reflejo del compromiso, la perseverancia y el amor por el básquet que caracteriza a toda la familia timonense”.

El mensaje incluyó un reconocimiento especial a dirigentes, socios y a toda la comunidad de Jáuregui, que acompañó y colaboró para que el sueño se hiciera realidad. “Cuando una comunidad trabaja unida, los sueños dejan de ser utopías y se transforman en hechos concretos”, subrayaron.

Hubo también una mención destacada al grupo de papás y mamás que asumió la enorme responsabilidad de llevar adelante el proyecto. Ellos pusieron el cuerpo y el tiempo: muchas veces resignaron horas familiares, personales y laborales para avanzar en gestiones, organizar eventos y garantizar que cada paso se cumpliera según lo planificado.

El resultado está a la vista. El microestadio es hoy símbolo de trabajo en equipo, solidaridad y compromiso colectivo. Demuestra que cuando socios, familias y comunidad caminan en la misma dirección, no hay meta imposible.

Desde la Asociación remarcaron que este proyecto debe ser inspiración para todos los clubes: organizarse, comprometerse y sostener el esfuerzo en el tiempo es el camino para alcanzar objetivos ambiciosos.

Por su parte, en la institución naútica destacaron el acompañamiento del intendente Leonardo Boto y el presidente del Concejo Deliberante, Federico Vanin, “por acompañar el proyecto desde el inicio y apostar al deporte como inversión y no como un gasto y a José Rebottaro a cargo de la subcomisión de básquet.

El Timón Básquet ya tiene una casa a la altura de su historia. Y si bien el corte de cinta marcó un final, también es un comienzo porque los sueños, cuando son colectivos, siempre encuentran la manera de hacerse realidad.