El fenómeno del escrache digital puso en el ojo de la tormenta a una vecina de barrio El Quinto denunciada en la Fiscalía por presunta estafadora.
En el barrio El Quinto, el rumor dejó de ser murmullo y se convirtió en publicación. Desde el 5 de febrero, una cuenta de Instagram bajo el nombre “mariasolmorenoestafas” acumula testimonios de presuntas víctimas que denuncian haber sido engañadas, estafadas o manipuladas por una vecina.
La cuenta, administrada de manera anónima, cuenta con casi 900 seguidores y ya reúne al menos 18 relatos distintos. En cada uno se repite un patrón: promesas incumplidas, transferencias presuntamente falsas, supuestas enfermedades graves utilizadas como argumento para pedir dinero y una identidad laboral vinculada a aerolíneas que, según quienes denuncian, no sería real.
Pero más allá de las acusaciones puntuales, lo que tiene convulsionado al barrio es la descripción de una personalidad que, según los testimonios, combina carisma, manipulación y una capacidad sostenida para construir relatos convincentes pero alejado de la verdad y la realidad.
El caso trascendió el ecosistema de las redes. La semana pasada llegó a los medios de comunicación. El programa “Te hacemos la segunda” que conduce Romina Fernández por Radio Ciudad de Luján le dio difusión.
“Busca muy bien a sus víctimas, gente buena, honesta, todo lo que ella no es”, señala el primer testimonio que asegura conocerla desde hace 10 años. “Esto no es un escrache más, es un NO te acerques a esta persona, NO te dejes engañar”.
LA APARIENCIA ENGAÑA
Quienes dicen haber tratado con ella coinciden en una caracterización: “re manipuladora”, “cae re bien”, “súper simpática”. Esa combinación, sostienen, sería la puerta de entrada a relaciones de confianza que luego derivaban en pedidos de dinero, ventas de viajes o supuestas oportunidades laborales.
Uno de los ejes más repetidos es la presunta venta de viajes inexistentes. Varias personas aseguran haber entregado dinero para pasajes que luego eran cancelados o nunca emitidos. “Venta de viajes inexistentes, pedidos de dinero y promesas que jamás se cumplieron”, resume uno de los posteos.
Otro elemento recurrente es la supuesta identidad laboral. Según los testimonios, la joven se presentaba como azafata o trabajadora de Aerolíneas. En su perfil de Facebook figura como “jefa de administración y finanzas en LATAM Airlines”.
Sin embargo, vecinos sostienen que esa información sería falsa. Un piloto consultado por la colega Fernández le aseveró que la compañía no tiene actualmente tripulación argentina tras su reestructuración local.
En los posteos también se menciona que habría sido intimada por empresas por uso indebido del nombre comercial, aunque no se adjuntan documentos públicos que acrediten esa situación.
Quizás el aspecto que mayor indignación genera en los testimonios es la presunta utilización de enfermedades graves para solicitar dinero o frenar reclamos.
En distintos relatos aparece la mención a diabetes, celiaquía y leucemia. “Nos pidió insulinas, tiras reactivas, se colocaba hasta el parche medidor de glucemia para simular todo el acting”, escribió una persona que aseguró haberla incorporado a su círculo de amistades.
Otro testimonio sostiene: “Miente con que tiene leucemia. Le transferí 100 mil pesos”. También se menciona el uso de fotos en centros médicos y publicaciones vinculadas a hospitales.
En uno de los relatos más contundentes se afirma: “Hace 10 años nos dijo que tenía cáncer, pero de un día para otro no habló más del tema: se ve que se curó”. Desde la cuenta remarcan en mayúsculas: “NO TIENE DIABETES, NO ES CELIACA Y NO TIENE LEUCEMIA”.
ANTE LA JUSTICIA
Al menos uno de los testimonios menciona una denuncia penal concreta: una presentación radicada bajo el número de I.P.P. 09-01-003352-23/00 en la Fiscalía 9 con intervención del Juzgado de Garantías 2 de Mercedes, bajo la carátula de: “Estafa”.
Otras personas aseguran haber iniciado acciones judiciales, pero no detallan número de expediente. “Actualmente existen múltiples denuncias penales radicadas en fiscalía por estafa”, sostiene uno de los textos publicados.
La dinámica que relatan las presuntas víctimas se repite con variaciones: Transferencias con comprobantes presuntamente falsos, pedidos de préstamos con devolución en cuotas que no se concretaban, ofertas laborales en supuestas franquicias o estéticas donde, según se afirma, no era dueña sino empleada, ´promesas de capacitaciones inexistentes, uso de tarjetas o datos personales ajenos.
Uno de los testimonios señala: “Jugó a ser empresaria, hacía entrevistas y jugaba con el tiempo y la necesidad de la gente”. Otro afirma: “Inventó que la franquicia no le dejaba pagar los sueldos porque las chicas no habían tomado la capacitación correspondiente”.
También aparecen acusaciones de robo directo de dinero en domicilios particulares y comercios.
IMPACTO EN EL QUINTO
La tensión en El Quinto está escalando. Según pudo saberse, una comerciante del barrio habría agredido físicamente a María Sol Moreno tras detectar que había pagado con comprobantes de transferencia supuestamente falsos.
Al respecto, por el momento, se desconoce si este episodio fue denunciado públicamente, pero circuló en conversaciones vecinales y grupos de WhatsApp.
Mientras tanto, comerciantes mencionan antecedentes familiares que va desde acusaciones contra hermanos por presuntos robos en forrajerías, pollerías y almacenes hasta encubrimiento y una abultada deuda que se habría vuelto incobrable por parte de la madre como así también supuestos delitos que habría cometido el padre años atrás en remiserías.
Estas afirmaciones tampoco cuentan con confirmación judicial pública, pero forman parte del clima social que rodea el caso. “Todo El Quinto teniéndole lástima porque decía que tenía leucemia”, resumió un vecino.
ESCRACHE DIGITAL
La cuenta de Instagram no oculta su postura: “La justicia no hizo nada, si no hay justicia hay escrache”. Ese mensaje vuelve abrir un debate más amplio sobre los límites del escrache digital.
Para quienes administran el perfil, el objetivo es “alertarnos entre nosotros”. Para otros, el riesgo es que las redes sociales se conviertan en tribunales sin debido proceso. En varios de los posteos se etiquetan medios nacionales como TN, El Trece, Telefe, C5N y Crónica TV, en busca de amplificación.
Desde el entorno de algunas de las personas que publicaron testimonios aseguran que intentaron resolver los conflictos en privado antes de recurrir a la exposición pública.
“No publicamos esto desde el odio. Lo hacemos porque el silencio protege a quien estafa, no a quien confía”, señala uno de los mensajes. Más allá de este caso puntual, la situación refleja un fenómeno creciente: el uso de redes sociales como herramienta de denuncia colectiva ante la percepción de lentitud o inacción judicial.
La pregunta que atraviesa El Quinto no es solo si las acusaciones son ciertas o no —eso deberá determinarlo la Justicia— sino cómo reconstruye la confianza esta mujer y su entorno familiar donde la sospecha no parece ser novedad, aunque ahora se instaló con toda su fuerza.
Mientras tanto, los testimonios y las acusaciones en redes sociales siguen sumándose. Aunque no todas las denuncias fueron formalizadas, por ahora, ante la Justicia.
35 preguntas y ninguna respuesta
En medio de un creciente número de denuncias públicas y al menos una judicializada, este cronista se puso en contacto el jueves con María Sol Moreno para que pudiera dar su versión de los hechos y ejercer su derecho a réplica frente a las acusaciones que circulan tanto en redes sociales como en Fiscalía.
Moreno, quien está en conocimiento de las presentaciones realizadas en su contra —incluidas las publicaciones en una cuenta de Instagram que reúne testimonios de presuntas víctimas y exposiciones previas en un grupo de compra y venta de Facebook— respondió inicialmente con un breve mensaje: “La verdad que es todo muy triste. Hay mucha mentira”.
Acto seguido, envió el número telefónico de su hermana, pese a que la posibilidad de descargo le correspondía a ella. Ante la insistencia periodística, argumentó: “En este momento no puedo hablar”, debido a que “estoy en una reunión de laburo. Estaba esperando tu mensaje para desconectarme del celular. Es un tema muy delicado y abogados de por medio. Hay que tratar las cosas con mucha cautela”.
En un segundo intercambio, Moreno propuso un encuentro personal en su domicilio para que pudiera “poner al tanto de todo” y “contestar todo”. Sin embargo, ante la imposibilidad de concretarse esa reunión, se acordó el envío de un cuestionario por escrito, con el compromiso de responderlo el viernes.
En total, este cronista remitió 35 preguntas vinculadas a los distintos ejes de las denuncias: las publicaciones aparecidas en Instagram, la presunta venta de pasajes y paquetes turísticos, transferencias y comprobantes que habrían resultado inexistentes, préstamos y dinero recibido, las enfermedades que decía padecer junto a pedidos de ayuda económica, ofertas laborales y supuestas contrataciones en una estética, además de conflictos recientes con comerciantes del barrio y con su entorno familiar, también señalado por presuntos ilícitos.
Tras recibir el cuestionario, Moreno respondió: “Mañana leo bien y te respondo sin inconvenientes... te consulto para subir el mismo vas a esperar mis respuestas quiero creer verdad?”.
La contestación fue clara: “Tengo una versión. Necesito la tuya”, expresó este periodista.
A las 14.27 del jueves, llegó un nuevo mensaje: “Perfecto. Mañana te respondo todo y te lo envío. Desde ya muchas gracias por contactarme en algo tan delicado”.
Desde entonces, no volvió a registrarse actividad en su celular. Las respuestas comprometidas —como era casi de esperar— nunca llegaron.