El renacimiento del Club Santa Elena

De la mano de un torneo de bochas en la recuperada cancha de piso sintético y una nueva comisión directiva, comenzó el proceso de recuperación de esta emblemática institución de barrio El Quinto.

Noche templada en barrio El Quinto. Rodolfo Moreno al 500 es el epicentro de la “República”, el punto de encuentro obligado e histórico, y también una especie de cédula de identidad del populoso vecindario. Allí está desde 1937 la sede del Club Social, Deportivo y Biblioteca Santa Elena.

Hoy el “Santelena” atraviesa un nuevo amanecer, otra etapa en su larga vida. Impulsada desde el 19 de diciembre por una comisión directiva integrada por un grupo de muchachos que tienen años de vida de club, aunque no necesariamente se forjaron en el verde, este gigante dormido que empieza a despertarse.

La flamante CD comenzó con toda la furia: desmontaron y limpiaron los confines de la institución, que parecía una selva, recuperaron la cancha de básquet, acondicionaron los baños y convirtieron un depósito donde anidaban palomas en lo que siempre fue: la cancha de bochas, la única de piso sintético que hay en Luján.

Sin proponerlo ni buscarlo, en la comisión dieron en la tecla justa. Ese espacio que estaba olvidado se lo cedieron a Agustín “Pipi" Garmendia, "un jugador retirado", se presenta. Un apasionado bochófilo que no solo lo devolvió a la vida, sino que organizó un torneo que es todo un suceso Un golazo de arco a arco.

El torneo volvió a congregar a decenas de entusiastas de este juego de origen milenario y que llegó a estas tierras con los inmigrantes italianos donde se mezcla la paciencia, el arrime y la puntería, cualidades humanas en riesgos de extinción en época de velocidad de scroll.

Las fuerzas de las tradiciones que transcienden y hermanan generaciones a través de este juego termina siendo el leitmotiv de la recuperación y puesta en valor de este emblemático espacio que vuelve a latir en el corazón del barrio.

NUEVA SENSACIÓN

En una hoja de papel de color verde hay una lista escrita a mano titulada "Equipos". Está organizada en tres columnas: una numerada, una con los nombres de los integrantes de cada equipo y otra con los nombres de los equipos. Aquí aparecen: 1- Seba - Flaco (Los Dogos), 2- Diego - Pipi (La CD), 3- Larri - Hijo (Larry´s), 4- Ulrich-Conejo (Los de Antes), 5- Jona - Julián (Los Ojotas), 6- Gonza - Marcos (Los Turbinas), 7- Malvina - Manu (Ateneo), 8- Rama - Juan (Los Legales), 9- Juanmi - Seba (Sebiche), 10- Yerar - Correa (Bocha Sokol), 11- Carlitos - Blanco (Los Willy´s), 12- Silverio (Los Colos), 13- Nico Duarte (Los Pipeta), 14- Ariel-Chino (Zapiola), 15- Furia - Toty (Los Furiosos) y 16 - Raiquen - Valeria (Los Monzones).

A su lado, en un papel blanco, está el fixture. Las llaves de eliminación con números escritos en verde y negro, conectados por líneas que avanzan hacia instancias finales.

Se leen palabras como “LLAVES”, “CUARTOS”, “SEMI”, “FINAL”, “GANADORES” y horarios como “20 HS”, “21 HS” y “22 HS”. También aparecen los días “JUEVES” y “VIERNES”, indicando el cronograma de los partidos. Los números (por ejemplo 1, 2, 3, 5, 8, 9, 14, 16, entre otros) están ubicados dentro de las llaves, señalando los equipos o participantes que avanzan en cada cruce.

En el centro se destaca una sección donde se menciona “Viernes Final 20 HS” reservada para las parejas 3 vs 1 o “Los Larry’s” vs. “Los Dogos”.

16 equipos, parejas o duplas. 16 ilusiones que empezaron a disputar el Campeonato de Bochas, primera actividad deportiva que encara la comisión directiva que acompaña la gestión del presidente Marcelo Barbani.

Junto a “Pipi” Garmendia está Diego Aimonetti, hombre de fútbol, pero ahora también de las bochas. “Pipi”, cuyo padre fue presidente de la sub comisión de bocha en su momento, hace de árbitro, anota en el organigrama los futuros encuentros y mil tareas más. El reducto de 24 metros de largo y 4 de ancho es su lugar en el mundo o su “refugio”, como dice.

La CD confió en él y no los defraudó: limpió, pintó, acondicionó el lugar, pulió la superficie y enceró el sintético construido por brasileros a principio de este milenio.

Todas las tardes y noches recibe desde ancianos que se acercan a mirar hasta jóvenes que se animan a jugar. Hasta el marcador electrónico volvió a funcionar.

Aimonetti le hace la segunda mientras no sale del asombro del poder de convocatoria que tiene esta disciplina, al tiempo que está abocado a rescatar los viejos trofeos que hicieron grande a Santa Elena en la Liga Lujanense de Fútbol.

En la vereda, un grupo de amigos, buena parte de la CD, se había reunido alrededor de una mesa pequeña desde la puesta del sol, como si el mundo entero se hubiera reducido a ese rincón. Estaban allí, riendo, conversando de la vida, pensando ideas para devolverle el esplendor que supo tener el club.

Por su parte, la cantina empezaba a atraer parroquianos. El murmullo de risas y conversaciones llenaban el aire, mezclándose con el aroma de cerveza fría y de alguna que otra minuta. El objetivo apunta a transformarla en un bodegón con una carta de platos abundantes para que este reducto con vista a la calle sea una atracción familiar.

AL RESCATE

El proceso que está atravesando Santa Elena forma parte de la recuperación de clubes que parecían condenados al olvido. El Club Rivadavia en el barrio San Cayetano y El Pedal en Jáuregui se encuentran por el mismo camino y son el reflejo de que no todo está perdido. Un proceso diferente por el que pasó el Club Platense.

El profesor de Educación Física, Facundo “Toti” Roldan es una las caras visibles de esta transformación en Santa Elena. Asombrado también por el éxito que son las bochas, no ve la hora que la sede ofrezca un amplio menú de disciplinas para todas las edades: zumba, folklore, talleres, actividades que puedan articularse con la Casa de la Juventud y recuperar la pileta en el predio donde está la escuela de fútbol en José María Pérez y Fray Manuel de Torres.

Y que en la cancha de básquet pueda practicarse fútbol 5, handball y vóley. En resumen, quiere ver vida de club en un club que tiene todo para salir adelante y dejar de ser un reducto cerrado, habitado como hasta hace poco por un puñado de parroquianos que solo gastaban tiempo en una lúgubre cantina.

En la CD también está Juan Acotto quien vislumbra una serie de actividades sociales y comunitarias que puedan ser aprovechadas por los vecinos. Brindar algún servicio junto al Municipio. Todo está por verse y en proceso. Esto recién comienza. Una cena solidaria aparece en el horizonte cercano como medio para recaudar fondos que ayuden a seguir apuntalando el nuevo proyecto en que se embarcaron.

Mientras tanto, el torneo de bochas consagra como ganadores a “Los Larry’s”. Padre e hijo han vencido a “Los Dogos” que ahora jugarán en una llave de perdedores de donde saldrá el vencedor para que juegue la Recopa.

Llega el turno de la entrega de premios y las fotos. Bajo el arco verde que anuncia “Bienvenidos”, vencedores y vencidos posan sonrientes sabiendo que el esfuerzo ya quedó atrás.

La escena respira barrio, amistad y camaradería. El piso gastado, las paredes blancas y verdes en ese rectángulo donde se libró una partida basada en perseverancia, puntería y estrategia compartida llegó a su fin.

Y así como en la final cada jugada exigió el máximo de paciencia y estrategia colectiva, el resurgimiento del club es algo parecido: es obra de manos unidas, de vecinos que entendieron que nada se construye en soledad ni de un día para otro. Mientras “Los Larry’s” y “Los Dogos” festejaban, otros celebran que el club volvió a ponerse de pie.