En la Plazoleta de los Derechos Humanos se llevó a cabo el acto central a 50 años del último golpe de Estado.
En la plazoleta de los Derechos Humanos, ubicada en Dr. Real y Constitución, esta mañana se realizó el acto central por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia en el marco de un nuevo aniversario del último golpe de Estado cívico-militar. Y este año fue una fecha especial ya que se cumplieron 50 años “del golpe genocida que desapareció a 30.000 compañeras y compañeros.”, tal como calificaron desde la Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos y Desaparecidos de Luján.
“A 50 años le seguimos exigiendo a los genocidas y a sus cómplices civiles que nos digan ¡dónde están!”, apuntaron en el comunicado leído esta mañana en la que se recordó a los 26 desaparecidos de Luján.
En tal sentido, analizaron que son “tiempos de nuevos genocidios, de negacionismo y justificación del accionar de las juntas militares entre 1976 y 1983”, por lo que plantearon que “es necesario seguir construyendo Memoria, contar una y otra vez la Verdad y seguir juzgando a los represores que sembraron tanta muerte”.
“Secuestraron, detuvieron, asesinaron y arrojaron al exilio a miles y miles de compañeras y compañeros que se habían organizado desde fines de los años ’60 para resistir a otra dictadura, la que empezó en 1966 y terminó en 1973, la misma que implantó en este país la Doctrina de Seguridad Nacional, acuñada en los Estados Unidos, habilitando a las Fuerzas Armadas a actuar contra un “enemigo interno”, entiéndase aquellos que querían subvertir el orden social”, apuntaron.
En ese contexto, desde la Comisión apuntaron que “hoy aquella doctrina se ve reavivada en las palabras y acciones del gobierno nacional en manos de Javier Milei, que no tiene reparos en insultar, amenazar y reprimir a todas y todos los que luchamos ante el vaciamiento de nuestro Estado, el endeudamiento externo que no hace más que crecer y crecer para beneficiar al poder económico concentrado mientras que las y los jubilados, trabajadores y trabajadoras solo vivimos sometidos a haberes cada vez más indignos. Un gobierno que también quiere poner la bandera de remate en nuestros recursos naturales”.
ORGANIZACIÓN Y RESISTENCIA
En el repaso histórico, remarcaron que “nuestros compañeros sabían a qué se enfrentaban. Por eso se organizaron y resistieron. La militancia del Peronismo Revolucionario, como Montoneros y las Fuerzas Armadas Peronistas; el movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo; la tradición guevarista del Partido Revolucionario de los Trabajadores; las tradiciones socialistas y comunistas revolucionarias fueron algunas de las tantas organizaciones que supieron enfrentar a la dictadura que gobernó desde 1966 a 1973 y que siguieron luchando luego para no perder lo conseguido”.
“Pero la represión volvió prontamente. Comenzó con el accionar de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, que desde 1974, y bajo el amparo de dependencias del Estado, se dedicó a la persecución y eliminación de opositores políticos. Otra de sus versiones fue el Comando Libertadores de América, dependiente del Tercer Cuerpo de Ejército, que desde 1975 desató una sistemática acción criminal contra estudiantes, obreros, dirigentes políticos y sindicales en Córdoba. Y podríamos seguir con ejemplos en todo el país”.
En cuanto a Luján, relataron que “aquí también existió la violencia paraestatal a través de la actuación del Comando Nacionalista Jordán Bruno Genta, que pocos días antes del golpe del 24 de marzo, decretó vigilancia permanente a varias y varios militantes locales, que luego fueron secuestrados y desaparecidos en dictadura”.
“Una dictadura que irrumpió tras el golpe de estado un día como hoy, hace 50 años. Lo que había sido el inicio de la represión se convertía en un plan sistemático, en un genocidio. Las tres fuerzas armadas y sus cómplices civiles; entre otros, fueron los artífices del secuestro, la tortura y la desaparición de nuestras y nuestros 30.000 compañeros. Y pudieron hacerlo gracias al acompañamiento y la complicidad de empresarios nacionales y extranjeros, grandes propietarios rurales, la jerarquía eclesiástica, partidos políticos conservadores y de derecha, que no tuvieron reparo en ser parte de una dictadura genocida con tal de conseguir sus objetivos. Entre ellos, el económico”, sostuvieron.
Además, cuestionaron que “la dictadura impuso un proyecto de vaciamiento del Estado y endeudamiento que destruyó la industria nacional y favoreció una economía financiera cada vez más extranjerizada y favorable a los sectores dominantes locales. Para hacerlo se propuso exterminar el movimiento de resistencia obrera y toda aquella militancia organizada desde los años ‘60. No olvidemos nunca algunos de sus responsables, entre ellos, Ford, Fiat, Mercedes Benz, La Veloz del Norte, Acindar, Dálmine-Siderca y Loma Negra. Grupos tan responsables como lo son hoy aquellos empresarios que cierran algunas de sus plantas para ampliar otros negocios sin pensar en sus trabajadores, tal como está sucediendo con FATE O. Nuevamente un gobierno con políticas salvajemente capitalistas, con una mirada profundamente deshumanizadora hacia las clases trabajadoras vuelve a empobrecernos, a endeudarnos, a someternos a la política estadounidense, tal como lo hiciera la dictadura y, luego en democracia, Menem, De la Rúa y Macri”.
Por otra parte, remarcaron que en nuestra ciudad “el componente civil de la dictadura estuvo en manos de la Unión Vecinal” y reclamaron una autocrítica “porque saben muy bien que sus referentes fueron los cómplices de la sangre que corrió aquí, la de nuestras y nuestros compañeros detenidos desaparecidos de Luján”.
“Luego de que Silverio Pedro Salaberry asumiera como intendente comisionado por la dictadura el 27 de mayo de 1976, a los pocos días, el 4 de junio, fue secuestrado el “Chiqui” Siina, joven militante que tenía 19 años y fue el primer detenido, seguido de desaparición en Luján. Los secuestros y desapariciones siguieron hasta mayo de 1977 sin que nunca el vecinalismo se pronunciara ante los mismos, sino todo lo contrario, liberando Luján para que las fuerzas armadas actuaran”, sostuvieron.
También otro de sus hombres “se puso a disposición para ser rector de la Universidad Nacional de Luján y aplicar allí las políticas educativas de la dictadura, entre otras dejar cesantes y prescindibles a muchos de sus trabajadores. Universidad que recordemos fue cerrada por la dictadura en febrero de 1980 y que gracias a la lucha y movilización de sus estudiantes y trabajadores docentes y nodocentes pudo ser reabierta en 1984, volviendo a garantizar el derecho a la Educación a miles de personas hasta nuestros días”.