Odiadores del Estado; beneficiarios del Estado

La Libertad Avanza volvió a exponer las contradicciones de un gobierno que ya no encuentra herramientas discursivas para sostener su descascarada autoridad moral.

El escándalo por la publicación de más de mil créditos hipotecarios otorgados a funcionarios, legisladores y familiares vinculados a La Libertad Avanza volvió a exponer las contradicciones de un gobierno que ya no encuentra herramientas discursivas para sostener su erosionada autoridad moral.

En nuestro distrito, la noticia tuvo nombre propio: el flamante concejal Alexis Hasen y su madre figuran entre los beneficiarios de préstamos provenientes del Banco Nación (ver nota aparte). El caso adquiere relevancia no sólo por el acceso al crédito, sino por lo que simboliza.

Hasen encarna el recorrido de muchos dirigentes que transitan la política desde hace años y que, ante la irrupción triunfal de La Libertad Avanza, decidieron dar el salto hacia la ultra derecha. En su mayoría provienen del radicalismo —como el propio Hasen, ex presidente de la Juventud Radical e integrante de una familia de tradición partidaria— o del PRO. Son parte del proceso de dispersión que dejó a la ya extinta alianza Juntos por el Cambio sin cohesión ni liderazgo.

El salto de vereda no fue sólo electoral: implicó una radicalización discursiva. Muchos debieron asumir una narrativa ajena a su matriz política original. La prédica contra “lo público” —incluido el intento de privatizar el Banco Nación— entra en tensión cuando quienes la sostienen acceden, sin reparos, a los beneficios que brinda ese mismo Estado que deslegitiman.

El episodio de los créditos es apenas una muestra de una lógica más profunda: la de un sector que, lejos de ser outsider, forma parte desde hace décadas de la estructura estatal y que se montó, con notable pragmatismo, sobre el éxito de un discurso antisistema. La retórica de la demolición encuentra sus límites cuando debe convivir con las prácticas del poder.

Mientras tanto, la situación social y económica se vuelve asfixiante para amplios sectores que apostaron por esta aventura política. El ajuste puede ser tolerado si existe una expectativa razonable de mejora. Pero cuando el sacrificio no encuentra horizonte y se combina con gestos de privilegio, arrogancia y autoritarismo, la paciencia comienza a erosionarse.

Esa mezcla de deterioro económico, esfuerzo sin recompensa y corrupción a cielo abierto parece marcar el inicio de un nuevo ciclo político para las ambiciones de los libertarios.