La Policía Federal irrumpió en una vivienda ubicada en calle El Negrito Manuel 2450. Pese a todo, la red narco sigue operando y la jefa continúa prófuga.
Otro operativo de la Policía Federal Argentina Delegación Mercedes volvió a dejar al descubierto la magnitud y persistencia de la estructura narco que lidera Marcia Giovanettone alias “La Marcia”, prófuga desde el 18 de marzo.
El último procedimiento se llevó a cabo el sábado, alrededor de las 2.30 de la madrugada en el barrio Elli, en una vivienda ubicada en calle El Negrito Manuel 2450, entre calles Darwin y Pasteur, donde se halló una importante cantidad de cocaína lista para su comercialización al menudeo y dinero en efectivo.
La irrupción de la fuerza federal fue rápida y contundente. Según relataron vecinos, se escucharon gritos, insultos y un fuerte despliegue que incluyó la rotura de rejas y puertas para ingresar al inmueble. En el interior de la vivienda había dos personas, que fueron inmediatamente detenidas.
Todo indica que se trataba de otro punto de venta vinculado a la organización que encabeza Giovanettone, con base hasta poco en el barrio Ameghino, una especie de “filial” en General Rodriguez y numerosas bocas de expendio repartidas en diferentes vecindarios de la ciudad.
El domicilio allanado no pasaba desapercibido. De acuerdo a testimonios recogidos en el barrio, la casa estaba siendo refaccionada desde hacía semanas. “La estaba haciendo nueva. Los vecinos veían a los albañiles trabajando continuamente”, señalaron.
El nivel de las mejoras llamó la atención: el inmueble contaba con piso de porcelanato, similar al de la vivienda donde residía Giovanettone en Darwin y Tucumán, barrio Ameghino, y tenía adaptaciones típicas del narcomenudeo, como un pasamanos en una de las rejas de las ventanas que permitía concretar la venta de droga sin necesidad de abrir la puerta y cámaras de seguridad que permitían monitorear todo lo que pasaba, principalmente, en el exterior del domicilio.
El movimiento en el lugar era constante. “Esto era un desfiladero de gente todo el día”, describió un vecino, graficando el flujo incesante de compradores que llegaban en autos, motos, bicicleta o a pie.
Sin embargo, para quienes conocen la dinámica de este tipo de delito, el volumen de actividad excedía el simple narcomenudeo. “No fue solo menudeo lo que había acá, era mucho más grande”, advirtieron fuentes de la investigación, sugiriendo que el punto podía funcionar como nodo de distribución.
Tras el procedimiento, personal de la Policía Federal quedó apostado en el lugar, custodiando la vivienda. Pero lejos de significar un golpe definitivo, el operativo parece haber generado un reacomodamiento inmediato de la estructura narco.
IMPARABLE
Según denunciaron vecinos, al día siguiente ya estaba en funcionamiento un nuevo punto de venta a pocas cuadras, presuntamente también vinculado a “La Marcia”.
El nuevo búnker se ubicaría en calle Cerrito, entre Darwin y Alfonsina Storni, donde rápidamente comenzó a registrarse un intenso movimiento de vehículos que llegan para adquirir estupefacientes.
La indignación en el barrio crece al ritmo de la impunidad percibida. “Están vendiendo falopa como loco. Si vas ahora, están vendiendo”, aseguró un vecino este lunes a las 11 de la mañana ante este cronista, reforzando la idea de que el negocio no se detuvo ni siquiera tras el allanamiento.
Pero el dato más inquietante surgió de un episodio ocurrido el domingo cuando caía la tarde. Según relataron testigos, Giovanettone habría reaparecido en la zona. A bordo de una camioneta Volkswagen Amarok gris sin patente, llegó acompañada por tres hombres. Descendió del vehículo con una bufanda y un saco largo de color oscuro, y lanzó una advertencia que heló la sangre de quienes la escucharon: “Más vale que acá no me manden en cana porque van a correr balas”.
Los vecinos aseguran que, tras mirar hacia los cuatro puntos cardinales, ingresó al nuevo búnker y salió en cuestión de minutos. Al quitarse la bufanda, varios pudieron reconocerla: era “La Marcia”.
Según sospechan, se trató de una visita relámpago para retirar la recaudación de la venta de droga. Acto seguido, volvió a subir a la camioneta y se retiró del barrio por calle Libertad.
MENSAJES
En paralelo, la organización utiliza mecanismos cada vez más sofisticados para comunicarse y anticipar movimientos policiales. Una de las estrategias detectadas es el uso de cuentas falsas en redes sociales.
Por ejemplo, a través de un perfil denominado “Anses ayuda social argentina”, difundieron un mensaje dirigido a su entorno: “Estamos en el Ameghino. Suipacha entre Fleming y Mendoza. No se asusten por lo de anoche en el Elli. Estaba programado (el allanamiento) porque los vecinos no paraban de llamar (a la Policía). Pero prometo: volvemos, La Patrona está bien y vamos”.
Para investigadores y vecinos, este tipo de comunicaciones no solo busca llevar tranquilidad a la red narco, sino que también deja entrever una posible filtración de información sensible. Al ser decodificado, el mensaje sugiere que los delincuentes estaban al tanto del operativo con antelación, lo que alimenta las sospechas de connivencia policial.
En el barrio, las dudas se extienden también hacia otros sectores. Algunos vecinos apuntan contra diferentes efectivos. “Acá están todos vendidos”, lanzó un residente. “Ves como salen del búnker van hasta el móvil, hablan o le pasan plata y regresan para seguir vendiendo droga”, denunció.
Fuentes de la investigación señalaron además que gran parte de los “soldaditos” que operan en los búnkeres de Giovanettone son mujeres. Entre ellas se encuentra Agustina Zaracho, detenida días atrás en otro punto del barrio Ameghino, a quien le secuestraron 53 envoltorios de clorhidrato de cocaína ya fraccionados para su distribución.
Por lo tanto, el cuadro que emerge no deja de ser alarmante. Pese a los operativos, detenciones y despliegues, la estructura narco no solo sigue activa, sino que demuestra capacidad de adaptación, expansión y, según como denuncian, posibles vínculos que le permiten sostener su funcionamiento en el tiempo.
Mientras tanto, el temor y la bronca crecen en las personas de bien que residen en los barrios Elli y Ameghino, donde la sensación es que la lucha contra el narcotráfico todavía está lejos de ganarse.