Hubo un segundo incendio en el Museo Udaondo

Tras el incendio del jueves en la Biblioteca Peña del Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, durante la madrugada del viernes se reavivaron las llamas y Bomberos debió regresar al lugar. Temen pérdidas irreparables de documentos históricos.

El incendio que el jueves por la tarde afectó al Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo y que ocupó la atención de medios locales y algunos nacionales tuvo un capítulo mucho menos conocido, pero igualmente alarmante: un segundo foco ígneo que se desató durante la madrugada del viernes y obligó a una nueva intervención de los Bomberos Voluntarios.

El primer siniestro, que se habría originado por un cortocircuito en la Biblioteca Peña, ubicada en la planta superior del Área 2, sector donde además funcionan el Museo de Transportes de Luján y el Archivo “Estanislao Zeballos” en la planta baja, se desató cerca de las 16 horas.

Apenas detectaron las llamas, trabajadores del museo reaccionaron de inmediato: cerraron el acceso al Archivo Zeballos para intentar proteger la documentación histórica, rescataron el archivo Monjardín y comenzaron a combatir el fuego a baldazos hasta la llegada de los Bomberos.

Sin embargo, cuando todavía persistía la conmoción por lo sucedido, alrededor de las 4 de la madrugada del viernes, el fuego se reavivó produciendo un nuevo incendio en el mismo edificio.

Personal de Guardia Urbana y Patrulla Municipal que recorría la zona advirtió llamas que salían por uno de los ventanales sobre avenida Nuestra Señora de Luján y alertó de inmediato a los Bomberos Voluntarios.

Los servidores públicos regresaron al complejo en la unidad 15 y debieron sumar a la unidad 23 para abastecer de agua, en medio de la preocupación por la posibilidad de que el fuego volviera a propagarse en un edificio que resguarda parte fundamental de la memoria histórica de la ciudad y de la provincia.

Mientras oficialmente se intentó transmitir tranquilidad, distintas voces ligadas al museo y sostienen que los daños serían mucho más graves de lo informado.

El periodista Daniel Gigena, redactor del diario La Nación, publicó en la red X que “fuentes oficiales dicen que el material afectado es ‘mínimo’, pero trabajadores de la institución y bomberos afirman que hubo daños importantes en la Biblioteca Peña y el Archivo Zeballos”.

Quienes conocen en profundidad el funcionamiento del museo señalaron que todavía no existe un informe definitivo sobre el alcance de las pérdidas patrimoniales que está siendo elaborado por Bomberos de Policía, aunque estiman que “buena parte” del material almacenado en la Biblioteca Peña se habría perdido, ya sea por acción directa del fuego o por el agua utilizada durante las tareas de extinción.

Entre el patrimonio afectado habría colecciones de diarios históricos y libros de los siglos XVII, XVIII y XIX. Algunas estimaciones indican que podrían haberse perdido alrededor de 20 mil ejemplares que, de confirmarse, significa un golpe devastador para el acervo cultural e histórico del complejo.

A la preocupación por los documentos y objetos destruidos se suma ahora el temor por las condiciones estructurales del edificio. Personas vinculadas al museo advirtieron sobre la posibilidad de que el fuego haya comprometido el techo, con el consecuente riesgo de derrumbe.

Frente a esa situación consideran urgente apuntalar el sector y trasladar los depósitos del Área 2 al Área 3 -ubicado entre 25 de Mayo y Alte. Brown- para resguardar piezas de enorme valor histórico, entre ellas colecciones de armas y material numismático.

En las últimas horas también trascendió que aproximadamente un mes atrás se había producido otro cortocircuito que habría desencadenado en un principio de incendio en el mismo sector 2 pero en la planta baja, situación que obligó al cierre temporal del Área. Tras aquel episodio habrían instalado una llave térmica.

Además, distintas fuentes aseguraron que las autoridades estaban al tanto de reiteradas advertencias sobre el deterioro de las instalaciones eléctricas, especialmente en la planta alta, donde el cableado es antiguo y carecería del mantenimiento adecuado.

También se conoció que, en medio de este dramático episodio del jueves, la directora del museo, Viviana Mallol, sufrió una descompensación y debió ser trasladada a un centro de salud.

El incendio también volvió a poner sobre la mesa las falencias históricas en materia de mantenimiento y seguridad dentro del complejo museográfico. Trabajadores y personas cercanas a esta institución cuestionan cómo el edificio continuaba funcionando en las actuales condiciones, especialmente teniendo en cuenta las estrictas exigencias que suele imponer Policía de Bomberos (que tiene su base en el mismo museo) para habilitar otros establecimientos como restaurantes o locales nocturnos.

En ese contexto reaparecieron viejos antecedentes que nunca llegaron a trascender públicamente en profundidad vinculado con la seguridad. Entre ellos, el intento de robo de un cuadro en el Cabildo, que ya habría estado preparado para ser sustraído, y la desaparición de un manuscrito atribuido a José de San Martín.

También trascendieron hechos sospechosos en la Casa de Pepa Galarza, donde se produjo un robo mientras las cámaras de seguridad internas estaban llamativamente desconectadas. A eso se suman episodios similares denunciados en el área de automóviles del Museo de Transportes.

Paradójicamente, en 2015 se había impulsado un plan estratégico pensado justamente para evitar situaciones como la ocurrida esta semana. El proyecto, orientado a mejorar infraestructura, preservación abarcaba también la seguridad, terminó quedando en la nada por cuestiones políticas.

Para quienes aman y defienden el museo, lo ocurrido representa uno de los días más tristes de los últimos años. La sensación compartida es que el incendio no solo destruyó libros y documentos: también consumió una parte irreemplazable de la historia.