Milei: las palabras y las cosas

Nadie piensa ni habla desde el vacío, como tampoco nadie es sin su historia personal. Nuestro tiempo histórico-social nos modela más que nuestra propia voluntad.

Nadie piensa ni habla desde el vacío, como tampoco nadie es sin su historia personal. Nuestro tiempo histórico-social nos modela más que nuestra propia voluntad.

Escribe: Lic. Esteban Gomez, Psicoanalista UBA, MN:25.591  MP:25.668

Focault, el gran provocador

Michel Focault (1926-1984) fue un filósofo, historiador y sociólogo francés, quizás uno de los grandes pensadores del siglo XX. Pero también un provocador amado y odiado por contemporáneos y actuales, lleno de contradicciones y claroscuros subjetivos como cualquiera de nosotros.                                                                                                 

Su obra es imposible de ocultar o diluir para cualquier libre-pensador que intenta comprender nuestra desafiante época.

Una de sus obras más leídas se llama “Las Palabras y las Cosas” y fue publicada en 1966. En ella nos acerca una forma de entender cómo los humanos producimos conocimiento y cultura a lo largo de la historia.

Su tesis central propone y pone nombre a una “regla o lógica socio-cognitiva” que opera en cada época histórica y que toma formas diferentes según determinadas circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales de la época en que se vive.      

A ese constructo teórico lo llamo “Episteme”. Podríamos pensarlo como “el cristal con el cual observamos y entendemos el mundo que nos rodea”. Ese cristal lo define y pre-define casi todo.

Cuando una época cambia, también cambia su episteme… ¿o primero cambia la episteme y luego termina cambiando la época? No quiero meterme en ese debate porque excede a nuestro espacio y estamos en una época donde la episteme fuerza a leer poco…

Cada tiempo histórico tiene su “regla” para producir conocimiento y por ende discursos sociales, económicos, políticos y vinculares. Todos estamos atravesados por nuestra época y nuestras circunstancias, desde una empresa hasta un gobierno, pasando por una familia o una relación de pareja.

Las palabras definen a las cosas, le dan sentido, profundidad simbólica y por lo tanto palabra y cosa delinean y construyen un tiempo histórico personal y a la vez colectivo y por ende social. La episteme ordena lo social y sus producciones, la época define palabras, cosas, discursos, tendencias y por ende sujetos y sociedades.

Nadie nace de un repollo

El concepto de episteme nos permite entender aquel dicho popular, pero podemos darle un mejor y más profundo sentido.

Es imposible y muy poco recomendado apartar al pensador de su época. Los historiadores advierten de no caer en el “anacronismo", es decir juzgar a un hecho, idea o a un autor de tiempos pasados con conceptos, lógicas o puntos de vista del presente.

Para sacarle el jugo a Mozart, a San Ignacio de Loyola o al mismísimo Freud debemos contextualizarlos en su propio tiempo socio-cultural.

Focault pensó y escribió en un tiempo contemporáneo a Fidel Castro, De Gaulle, Kennedy, Peron, Borges, Picasso, Frida Kahlo, Piazzola, Don Atahualpa Yupanqui  y tantos otros.  Su contexto lo ubicaba en tiempos de la encíclica Rerum Novarum, que dio origen a la Doctrina social de la iglesia, en tiempos de la guerra de Vietnam, de la revolución cultural china y del hombre recién llegado a la luna.                                                                                    

Y nosotros… ¿Qué tiempo habitamos?

Milei es un hijo de …  su época

Conozco a muchas personas queridas que se enojan y juran no entender “cómo se pudo votar a un tipo como Milei” o “cómo es que un presidente grite y piense así !”. Sus jugos gástricos no dejan de hacerle esa pregunta y por momentos algunos acarician niveles peligrosos de cortisol, tristeza y desánimo.

A ellos siempre les explico que lo primero que tenemos que hacer es comprender que estamos habitando un tiempo global con una nueva episteme, diferente a la que la mayoría de los que peinamos canas creíamos habitar. Ese mundo ya fue.

A nuestro tiempo histórico le faltan estadistas, historiadores, poetas, patriotas, compositores de música, inventores y soñadores seriales. 

A nuestro tiempo histórico le sobran prepotentes, violentos, pequeños bufones, corruptos, especuladores, misiles, guerras, millonarios, tecnócratas, youtubers e influencers.

Habitamos un mundo en donde se ve mucho, se lee muy poco y casi ni se reflexiona, la capacidad cognitiva de comprensión de la realidad se ha reducido a 40 caracteres, 15 segundos de reels y a unos gramos de dopamina secretados en mínimos instantes frente a nuestros celulares. En esta realidad global, no podemos exigir mucho.

La episteme cambió y con ella nuevas relaciones sociales y subjetivas emergen de manera vertiginosa. La palabra está cediendo espacio a la emoción y por ende nuestra capacidad para comprender y transformar la realidad se ha reducido. Ya no somos creadores, sino meros consumidores de palabras y cosas inventadas por la nueva época.

Milei no es un marciano, tampoco un habitante de una pequeña isla de la polinesia. Proviene de una sociedad atravesada por más de 20 años de antagonismos, de grieta, que cada vez lee menos y que ha hecho de la queja, el enojo y la cancelación del que piensa diferente su ADN social.

Una sociedad que consume y devora noticias, chismes y siempre al borde del grito, la puteada o el llanto. Una sociedad que ha crecido en índices de adicciones, violencia escolar y familiar, de consumo de psicofármacos y de conductas auto agresivas y autodestructivas.   

En esta desoladora realidad social es poco probable que un estadista, un demócrata, un conciliador inteligente nos gobierne.

La episteme y nosotros

Frente a todo esto se nos impone la pregunta sobre nuestras propias actitudes, individuales y colectivas… ¿qué hacer?

Si esperamos “ansiosa y cándidamente a un salvador o salvadora” estamos en problemas. Continuaremos creyendo en aquel que venga a salvarnos de lo malo y viejo para llevarnos a una realidad socialmente perfecta. No hay salvadores mesiánicos que con su sola voluntad puedan generar una nueva episteme. Esa tarea necesita de muchos más actores y factores.

Ninguna ideología política, ni ningún funcionario es tan fuerte ni tan puro como para cambiar una episteme global.   

Muchos compatriotas se han confundido con la idea de que existen puteadas justas, violencias justas, patoteadas buenas o ninguneadas merecidas. La historia humana nos recuerda que la manipulación social y el discurso de odio pueden ser de derecha y de izquierda, de Palermo o José C. paz, de París o Berlín.

Somos nosotros aquellos que podemos ir saliendo conscientemente de nuestro aislamiento, de nuestro ego, de posiciones caprichosas, de nuestras propias violencias cotidianas hacia el diferente.  Si nuestra sociedad necesita una episteme más solidaria, más humana, más pacífica, más lógica y mucho menos autodestructiva, somos nosotros los que primero debemos ponernos en acción.

Esa acción debe comenzar en cada casa, con más diálogo, menos pantallas, menos consumismo y mucha más caridad… recordando que “la caridad bien entendida comienza por casa”, es decir por lo pequeño de nuestro metro cuadrado y recién allí, salir al encuentro del vecino, de mi barrio y de mi sociedad toda.

Por último, parafraseando al Papa Francisco en aquello de “nadie se salva solo”, “nadie puede cambiar la episteme solo”.     

Nuestros gobernantes futuros, van a necesitar que cada uno de nosotros esté dispuesto a ser contracultural, es decir dejar de hacer y pensar como la actual Episteme Global quiere. 

Solo así emergerá de esa sociedad nuevos líderes acordes a esa nueva y posible realidad humana.