A diez años de su nacimiento, Ismael Bengochea, fundador de Viviendas Ruma, repasa los comienzos de la empresa, la evolución de la construcción industrializada, la decisión de fabricar con estructura propia y la filosofía con la que proyecta el crecimiento de los próximos años.
-Ruma cumplió diez años. ¿Cómo nació la empresa?
-La idea empezó a gestarse antes de su fundación. Yo trabajaba como gerente comercial en otra empresa del sector y, durante esos años, me dediqué a conocer en profundidad la construcción en seco y la vivienda industrializada. Recorría obras, desarrollaba proyectos y hacía planos. Aunque mi función era comercial, siempre tuve la inquietud de involucrarme también en el producto y en los procesos constructivos.
Encontré muchas cuestiones que, desde mi punto de vista, podían hacerse mejor. Intenté impulsar cambios en la empresa en la que trabajaba, pero llegó un momento en el que entendí que no iba a poder llevarlos adelante. Así decidí comenzar mi propio proyecto, con el apoyo de mi hermana Victoria y de mi cuñado Juan. Poco después se sumó Santiago, actual encargado comercial.
Los primeros años no fueron fáciles. Crecimos mucho gracias al boca en boca, construyendo confianza de a poco y con una premisa que nos acompañó desde el comienzo: dar pasos cortos, pero firmes.
-¿Cómo cambió la empresa durante esta década?
-Al principio alquilamos un local comercial sobre la calle Mitre y empezamos a desarrollar el área comercial prácticamente desde cero. Nos comunicábamos con potenciales clientes, generábamos entrevistas y visitábamos terrenos. Lo más difícil era que nadie nos conocía. No teníamos trayectoria ni viviendas propias para mostrar, y les pedíamos a las familias que confiaran en nosotros para construir su casa.
Recuerdo que, cuando visitábamos el terreno de algún cliente, a veces buscábamos una excusa para pasar por mi casa o por la de Santiago y mostrarles dónde vivíamos. Era nuestra manera de transmitirles que éramos personas reales, que podían encontrarnos y confiar en nosotros.
Tampoco teníamos fábrica propia: la fabricación estaba tercerizada y nosotros supervisábamos los procesos y el montaje. La primera vivienda que vendimos significó mucho más que una operación comercial. Por primera vez teníamos una obra para mostrar y podíamos llevar a otras familias a conocer una casa construida por nosotros.
Diez años después, la realidad es completamente distinta. Contamos con una estructura administrativa, un equipo comercial de más de siete vendedores, profesionales de distintas áreas, dos fábricas propias y equipos de montaje y logística. Ya entregamos más de 1.600 viviendas y construimos más de 100.000 metros cuadrados.
La escala cambió enormemente, pero tratamos de conservar aquella forma de entender el trabajo: demostrar con hechos, cumplir los compromisos y seguir dando pasos firmes.
-¿La construcción industrializada todavía genera dudas?
-Años atrás, estaba muy asociada a una solución económica destinada a determinados sectores de la población. También existía una idea limitada de lo que podía hacerse con este tipo de construcción.
Hoy evolucionaron la tecnología, los materiales, los sistemas constructivos y el diseño. Es posible desarrollar viviendas con distintas superficies, estilos y niveles de personalización. En nuestro caso, cada proyecto parte de las necesidades de una familia: diseñamos los planos y adaptamos ambientes, aberturas y otras características dentro de las posibilidades técnicas del sistema.
También cambió la percepción social. Hay más información disponible y la gente puede conocer viviendas terminadas. Venimos de una cultura muy ligada al ladrillo y es comprensible que existan prejuicios. Cuando uno conoce los materiales, entiende cómo se construye y ve los resultados, muchas de esas dudas empiezan a desaparecer.
Eso no significa que cualquier construcción en seco sea automáticamente una buena vivienda. Como en cualquier sistema constructivo, el resultado depende de los materiales, los procesos, el conocimiento y el profesionalismo con el que se trabaje.
-¿Qué debería tener en cuenta una familia antes de contratar una empresa para construir su casa?
-Es una decisión que no debería tomarse apurado. Hoy existe mucha información para investigar a las empresas, conocer su trayectoria, consultar experiencias de clientes y visitar obras realizadas. Nosotros incluso recomendamos comparar: una familia no tiene que elegir Ruma solamente por lo que nosotros le contamos, sino asegurarse de que la empresa pueda respaldar con hechos lo que promete.
Siempre que es posible, facilitamos que los clientes conozcan viviendas entregadas por nosotros. En Luján también recorremos obras reales para que puedan ver nuestro trabajo antes de tomar una decisión.
Después está el contrato. Todo lo que una empresa se compromete a hacer tiene que quedar claro por escrito: qué se entrega, cuáles son las responsabilidades de cada parte y qué condiciones se acordaron. Si existe algún punto que genera dudas, hay que plantearlo antes de firmar.
Tenemos una premisa muy simple: no queremos recibir un solo peso sin que el cliente sepa claramente qué le vamos a entregar y cómo se lo vamos a entregar.
-¿Cuáles son los principales temores de una familia cuando consulta por una vivienda industrializada?
-Hoy las personas llegan a las entrevistas con mucha más información. Visitaron nuestra página, recorrieron las redes, vieron obras y leyeron experiencias de otros clientes. Después de diez años también tenemos viviendas en numerosos puntos del país: construimos en prácticamente toda la provincia de Buenos Aires y en provincias como Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Chubut, Río Negro y Neuquén.
Sin embargo, la desconfianza existe porque es un rubro que ha tenido experiencias negativas. Una familia que invierte sus ahorros en una casa tiene todo el derecho a investigar y a temer equivocarse.
Por eso aconsejamos no comparar solamente los precios. Dos presupuestos pueden parecer similares, pero incluir cosas muy diferentes. Hay que conocer los materiales, entender qué contempla la contratación, verificar cómo se entrega la vivienda y asegurarse de que todo lo prometido figure en el contrato.
Si una propuesta ofrece mucho más por el mismo dinero, nuestra recomendación es verificarla: pedir el contrato, conocer viviendas terminadas, hablar con clientes y comprobar que lo ofrecido realmente pueda cumplirse.
Creo que hoy el temor pasa menos por preguntarse si una vivienda industrializada puede ser una buena vivienda y más por elegir correctamente quién va a llevar adelante el proyecto.
DÓNDE ENCONTRAR
La oficina central de Viviendas RUMA se encuentra en la esquina de Italia y Barnech, frente a la Plazoleta Antigua Estación.
Si querés comunicarte, el teléfono es 011 3646-8584
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